El poder transformador de la música

ExBatutos

Conoce la Historia de Indira Moreno, Exbatuto que desde los 6 años hizo parte de la Fundación Nacional Batuta.Hoy gracias a su entereza, el apoyo de su familia y el de la Fundación Nacional Batuta,estudia una carrera profesional en música en una de las mejores universidades del país.

‘Mis primeros viajes con Batuta me permitieron evidenciar las puertas que me abría la música’: Juan Montoya

Juan Montoya participó en los procesos de formación musical de la Fundación Nacional Batuta en Medellín desde 1993 hasta 1997. Hoy es un reconocido director musical en diversas orquestas alrededor del mundo y ha obtenido varios reconocimientos por su talento. Tuvimos la oportunidad de hablar con él sobre su crecimiento, su carrera y sobre el impacto que tuvo el poder transformador de la música en su vida.




Entrevistador: ¿Qué está haciendo actualmente en el ámbito musical?

JM: Actualmente hago mi doctorado en dirección orquestal y de opera en la Universidad de Arizona, en Estados Unidos. También soy director musical de la UA Philharmonic Orchestra, director asistente de la Arizona Symphony Orchestra  y director residente de la Opera de la Ciudad de Kuala Lumpur en Malasia, cargo que desempeño desde el 2014.

E: ¿Cuál fue el inicio de su interés por la música?

JM: Mi hogar. Mi padre es guitarrista de música popular y desde muy pequeño junto a mis dos hermanos nos llevó a clases para reforzar lo aprendido en casa. El gran giro en mi formación tuvo lugar cuando ingresé a Batuta, pues pude interpretar diversos instrumentos, aprender varias técnicas, estilos musicales y disciplinas que me dieron las bases fundamentales para leer la música, entender los ritmos y reconocer el trabajo en equipo de una orquesta.


E: ¿Qué memorias tiene de ese periodo en Batuta?

JM: Las mejores. Algo muy valioso fue todo lo que me enseñó el trabajo en equipo. Bajo este modelo tuve la oportunidad de realizar mis primeros viajes, que me llevaron a conocer diversos lugares de Antioquia y Colombia. Estas oportunidades me permitieron evidenciar las puertas que me abría la música para conocer nuevos destinos, nuevas personas y proyectar nuevas metas. Cambió mi forma de ver las cosas, ya que la música dejó de ser sólo un interés y se convirtió en una opción de vida.

E: ¿Cómo continuó su carrera profesional?


JM: Después de 3 años en Batuta y de aprender de la música sinfónica supe que quería ser profesional. Estudie Música en la Universidad EAFIT, de donde me gradué y poco a poco, después de mucho esfuerzo, tuve la oportunidad de tener conciertos como solista. En 2003, con más confianza y seguridad, me presenté y fui aceptado en un curso en piano en Chautauqua, Nueva York. Esta salida fue clave, ya que allí, reiteré el interés -iniciado en Batuta- por buscar nuevas fronteras y conocí a personas que han jugado un papel fundamental en mi crecimiento personal, musical, académico y profesional.

En 2006 me ofrecieron una beca de la Universidad de Toledo en Ohio, cuyo director de programa fue un maestro que conocí durante mi visita a Estados Unidos en el 2003.


E: ¿Qué viene después de la beca?

JM: Terminado mi primer máster, tuve la oportunidad de viajar a Malasia. Viví allí del 2010 al 2015 y trabajé en la dirección de diversas orquestas como la Bentley Repertoire Symphony Orchestra, fui director musical de la UiTM Symphony Orchestra y director asistente de la Malaysian Philharmonic Youth Orchestra.

También he tenido el placer de dirigir la orquesta Sinfónica Nacional de Paraguay, la Orquesta Sinfónica EAFIT (Colombia), la Tucson Symphony Orcestra (EE.UU.), la Surabaya Symphony Orchestra (Indonesia), la Arizona Symphony Orchestra (USA), la Rousse Opera (Bulgaria) y la Kuala Lumpur City Opera (Malaysia), entre otras.

E: ¿También ha sido merecedor de varios premios, cuáles son?

JM: La Orquesta Sinfónica de Paraguay me dio en el 2016 el Batón Dorado, en el Concurso Internacional de Dirección 3.0, también recibí una mención especial en la II competencia Internacional de conducción del Mar Negro en Rumania y finalmente el tercer premio en la competencia internacional de dirección de ópera del Danubio Azul en Bulgaria. Lo más interesante es que los premios de esta última competencia me dan oportunidades profesionales para trabajar con instituciones de Opera ubicadas en Hungría, Rumania y el Cairo.




E: ¿Cuándo ud. era un joven Batuta, se imaginaba que todo esto iba a llegar?

JM: ¡No me lo imaginaba! Pero con cada esfuerzo y tiempo dedicado se me presentaban nuevas experiencias que me acercaban a este camino. Sin duda tener la oportunidad de trabajar en equipo con la Orquesta Batuta, viajar con ellos y ampliar mis horizontes del barrio a la ciudad, de la ciudad al departamento, del departamento el país y del país al mundo, me llenó de seguridad para entender que hay muchas oportunidades más allá.


E: ¿Qué mensaje le daría a los 43.000 niños y jóvenes músicos que hacen parte de Batuta alrededor de todo Colombia?

Que la música vale la pena. Todo el esfuerzo, el sacrificio para estudiar, practicar y ensayar es un mundo muy diferente al que otros jóvenes van a vivir, pero si uno lleva la música dentro, vale la pena. En sus inicios uno se pregunta si va a rendir frutos y es valido cuestionárselo, pero el consejo es que pongan todo su esfuerzo y trabajen duro porque los resultados llegan. Yo mismo viví esta experiencia.



Con persistencia y esfuerzo cumplí mi sueño de llegar a India con mi música

A sus 33 años Christian recuerda su paso por Batuta como un espacio de aprendizaje, responsabilidad y crecimiento. Gracias a la formación musical que recibió en su juventud y su carrera en la Policía Nacional llevó la música de su flauta junto al delta del rio Yamuna, junto al Taj Mahal en la India.


Los invitamos a que conozcan la historia de Christian y su pasión por la música.



Entrevistador:
 Christian, cuéntenos cuál fue su primer encuentro con la música.

Christian Fabián Rincón Narvaez: Mi familia es de músicos, así que desde pequeño he escuchado los ritmos de distintos instrumentos que van desde la música tradicional hasta la salsa.


E: ¿Cómo fue su primer encuentro con Batuta?


CFRN: A los 13 años mi papá me comentó que iba a ingresar a talleres musicales. En ese momento no me imaginé que iba a ser Batuta. Iniciada la primera clase, tuve la oportunidad de ver la Orquesta Sinfónica y ahí supe que no pararía de ensayar y prepararme hasta lograr ser parte de la Orquesta.


E: ¿Qué recuerda del proceso?


CFRN: Recuerdo que iba a las clases en los sótanos en la Avenida Jiménez… imagínese esto hace 20 años. En las clases había distintas etapas y cada una de ellas era más exigente que la otra. Desde el momento que ingresé hasta cuando tuve el nivel necesario para integrar la orquesta pasaron tres años. Fue un proceso de mucho esfuerzo, dedicación y entrega. Fue muy gratificante que fuera capaz de interpretar la flauta en una orquesta sinfónica con niños y jóvenes de los procesos de formación musical de Batuta.

E: Hoy, 20 años después de iniciar su recorrido por Batuta, ¿Cuál cree que es la principal enseñanza que le dejó?


CFRN: El sentido de responsabilidad. Allí aprendí a dar lo mejor de mi por un objetivo. De esforzarme por un sueño y de trabajar con constancia por mis sueños.

E: ¿Cuál fue el impacto en su familia?


CFRN: Al principio ellos no se imaginaban lo mucho que yo era capaz de dar. Al ver mis buenos resultados en el colegio y el alto desempeño en la Orquesta se aterraron por mi persistencia. La guía del maestro Roberto Rubio fue determinante para mi proceso.

E: ¿Este paso por la Orquesta contribuyó en algo para su adultez?


CFRN: Sin duda. Después de mi recorrido musical por Batuta, inicié el entrenamiento en la Policía Nacional. Todo el aprendizaje sobre lo que yo era capaz, esa seguridad y esa noción de compromiso las adquirí en Batuta. Eso me marcó a nivel personal y laboral. Igualmente, gracias a la música, he tenido la oportunidad de conocer muchas personas y viajar.


E: Su flauta y la música lo han llevado a la India. Cuéntenos acerca de este viaje.

CFRN: En 2012 conocí la India. Fui invitado por parte de la Fundación CorpoAlegría que al ver mi nivel musical me permitió representar a Colombia en diversos conciertos. Esta experiencia fue muy emocionante y me permitió conocer la riqueza cultural, las diferencias con nuestro país y las necesidades que aquejan a otras poblaciones. Tuve la oportunidad de interpretar la flauta en conciertos en Nueva Delhi, Agra y Udaipur. Sin duda, una experiencia inigualable.

E: Con todas estas experiencias vividas gracias a la música. ¿Cuál es el mensaje que le deja a los 43.000 niños, niñas y jóvenes que hacen parte de la Fundación Nacional Batuta a través de todo Colombia?


CFRN: He vivido muchas experiencias que me han permitido ver que la discapacidad no es lo que uno ve sino lo que uno tiene en la cabeza. Yo he trabajado para cumplir mis sueños y alcanzar las metas que me he propuesto. Por eso invito a los niños y jóvenes que crean en la música y en el poder transformador que ésta tiene.

Entrevista con Katherin Sierra: “Batuta me dejó una carrera y me dió una nueva perspectiva de vida”

Agustín Codazzi es un municipio ubicado en el Cesar, en la región norte del país. Allí, Katherin Sierra, exbatuta y ahora maestra y coordinadora del Centro Musical Agustín Codazzi de Batuta, trabaja con niños, niñas, adolescentes y jóvenes que transforman sus realidades a partir de la práctica musical.

La música fue el común denominador durante toda su vida y así mismo fue el catalizador que la llevo a realizar los más grandes cambios que hoy la definen. Hablamos con ella para entender su proceso en Batuta como estudiante y hoy como maestra y esto fue los que nos dijo:


Entrevistador: Katherin,  ¿Cómo inicia su proceso en la música?

Katherin Sierra: Empieza en mi hogar en Llanadas, Sucre, donde nací junto a los sonidos de la guitarra, las guacharacas y las cajas. Allí, tuve la oportunidad de conocer la guitarra junto a mi papá, quién me inculcó el gusto por la música. Tiempo después nos fuimos a vivir a Sincelejo, donde pasé mi adolescencia y a los 17 años decidí que quería aprender violín. Para lograr este sueño, visité el Centro Musical de Batuta y allí supe que estaba en el lugar indicado.

E: ¿Cómo fue su paso como estudiante de Batuta? ¿Qué enseñanzas le dejó?

KS: Me marcó el sendero de lo que hoy es mi vida. Cuando empecé con Batuta ya tenía 17 años y los cupos estaban llenos, pues no había más instrumentos. Tuve la oportunidad de conseguir uno y así me hice un lugar en las clases. Estaba junto a niños y jóvenes con una amplia trayectoria, yo en cambio no sabía mucho. Me sorprendió el sentido de colaboración de los participantes, determinante para mi progreso, ya que el trabajo colectivo nos impulsaba a que todos avanzáramos. Yo preguntaba y mis compañeros amablemente me enseñaban lo que no entendía. Fue así como aprendí las figuras musicales y rítmicas, la interpretación y la técnica. Todo esto me dejó un amor por el quehacer musical, por el trabajo en equipo y por el respeto a mi maestro, como figura que impulsaba el talento y los valores en los participantes.


E: ¿Y cómo fue la transición de estudiante de Batuta a maestra?

KS: Como estudiante aprendí un repertorio de música universal, la experiencia del trabajo en equipo y a interpretar un instrumento. Después de 5 años empecé a alternar mis estudios musicales con los universitarios en licenciatura en lengua castellana. Mis avances durante ese periodo y compromiso se hicieron evidentes para el maestro Giovanni Morales, quién evidenció mi esfuerzo y me propuso ser maestra de violín. Yo tenía 22 y era el 2012. Poco a poco fui aprendiendo técnicas de enseñanza, y con la práctica me di cuenta que mi vocación por la enseñanza era coherente con mis sueños. Fue así que tiempo después, tras demostrar mis resultados, me propusieron, en 2013, el reto de ser coordinadora del Centro Musical de Agustín Codazzi.


E: ¿Qué caracterizó esta nueva etapa?

KS: El progreso. Haber nacido en un corregimiento, crecido en una ciudad pequeña y empezar un nuevo proceso en el que iba a dirigir el esfuerzo de la Fundación por lograr que la música llegara a zonas que no tenían estos programas, fue un gran paso para mí. Esto significaba cambiar de casa, de ambiente,  es decir, cambiar una vez más, pero volviendo a mis raíces, desde una posición de liderazgo y desde un reto personal único.


E: ¿Cómo fue llegar Agustín Codazzi?

KS: Antes de irme lo investigué todo acerca de Agustín Codazzi para lograr encargarme de la implementación inicial y la convocatoria de los niños y jóvenes. La cultura del Cesar está marcada por la música vallenata y sus ciudadanos tienen una gran sensibilidad rítmica. Fue así como convocamos a la primera generación, que al ver el violín les causó muchísima curiosidad. Al principio llamaban guitarras pequeñas a los violines y a los violonchelos guitarrones. El apoyo de la Alcaldía de Agustín Codazzi fue clave, ya que con el pudimos dar un mayor impulso a los procesos de socialización y desarrollo académico, que evidenció los resultados en un corto tiempo.


E: ¿Cómo fue la acogida de la comunidad de Agustín Codazzi?

KS: Al principio no había muchos padres interesados. Fue después de la primera muestra musical que la comunidad evidenció el poder transformador de la música ya que vieron por primera vez a los niños y jóvenes interpretando un nuevo instrumento, en un nuevo modelo colaborativo bajo un proceso que mostraba responsabilidad y compromiso. La Alcaldía de Agustín Codazzi siguió siendo nuestro aliado, ya que en los eventos importantes éramos su cuota musical, su razón de orgullo y la evidencia de cómo el compromiso del gobierno local estaba beneficiando a los ciudadanos. Hoy hemos avanzado sustancialmente, los padres siempre están atentos de nuestro cronograma y el programa sigue avanzando con el compromiso financiero del actual gobierno. Creo que hoy la Orquesta Batuta de Agustín Codazzi es patrimonio local y cultural.


E: ¿Cuál será su siguiente paso?

KS: Esta experiencia me ha dado la idea de estudiar Dirección Orquestal. He podido evidenciar que con el compromiso de entidades y comunidades, la música puede cambiar la vida de niños, niñas, adolescentes y jóvenes de toda una comunidad. Lo he podido evidenciar en mi vida y lo he visto materializarse en Agustín Codazzi. Deseo contribuir con la sociedad desde la música y me gustaría dirigir la cartera de cultura del Gobierno Nacional.

E: Para finalizar ¿Qué le ha dejado Batuta en su vida?

KS: Me casé en Agustín Codazzi, es decir me dejó una familia. Me enamoré de las composiciones de Frans Liszt y de Bach, es decir un nuevo universo musical. Me dejó una carrera y me dió una nueva perspectiva de vida.


Actualmente la Fundación Nacional Batuta tiene 39 centros musicales en 24 municipios de Sucre, Córdoba, Bolívar, Atlántico, San Andrés y Providencia, Magdalena, Cesar y La Guajira, en el que participan 5.700 niños, niñas, adolescentes y jóvenes en 185 ensambles de iniciación musical, 88 coros y 2 orquestas sinfónicas integradas por poblaciones raizales, afro e indígenas.

En la región Caribe la formación sinfónica ha enriquecido el desarrollo social de las ciudades de Maicao, Valledupar, Agustín Codazzi, Providencia, Sincelejo, Santa Marta y recientemente Barranquilla.

Una carrera musical atada a los acordes del bandoneón

Por Rafael Escobar Saumet
Periodista Fundación Nacional Batuta


Giovanni Parra Huertas es un bogotano cuyos pasos en el medio musical han sido marcados por varios motivos importantes que direccionaron su andar artístico. Dos de ellos: el bandoneón, su instrumento por excelencia y Batuta, el lugar que le mostró un panorama para que la música se convirtiera en el rumbo profesional de su vida.


“Batuta para mí fue una experiencia de vida musical, un lugar que me hizo conocer diferentes géneros, sobre todo fue la ventana a la música clásica, porque en Batuta escuché, por ejemplo, los referentes del chelo con sus conciertos –el instrumento que estudié mientras estuve en la Fundación– y logré conectarme con la música sinfónica. Batuta para mí fue una puerta hacia músicas que yo no había escuchado antes, las cuales iban a nutrir a futuro mi formación como músico”, comentó Giovanni en entrevista con la FNB para la sección de #Exbatutos.


Su maestra de chelo era Luz Mary Sánchez, alguien que según él, supo dirigirlo ante la oportunidad artística que la vida le daba en ese momento. “Considero que en realidad la institución son los maestros. Son quienes enseñan y educan y, en ella, encontré una muy  buena maestra. Lo que me dio Batuta fue eso, una maestra que me motivó a hacer música. Además, ver muchos jóvenes de mi edad y hasta menores que yo haciendo música fue algo que me marcó; siempre lo tengo grabado en mi mente”.


En Batuta, Giovanni estuvo alrededor de un año y medio, en esa época tomó clases en el Centro Orquestal La Victoria. “La pasaba muy bien, los conciertos que hacíamos en el Centro Comunitario eran muy interesantes y además de todo aprendía muchísimo; cuando me retiré lo hice por las distancias, porque vivía en Bosa y me quedaba muy difícil llegar hasta allá. Después me arrepentí de haberme salido pero por haberlo hecho y seguir otros rumbos, tuve otros aprendizajes de vida, igual de valiosos como lo fue Batuta para mí”. Recuerda Giovanni de lo vivido entre los años 1997 y 1998.


Entrevistador: ¿Cómo fue salir de Batuta y empezar a recorrer otros rumbos con ese impulso que le dio la Fundación para que siguiera en la música?


Giovanni:
Al salir de Batuta ingresé a la carrera de Música en la Universidad Pedagógica, directamente me incliné por practicar el acordeón, un instrumento que me gustó desde siempre por su sonido y exigencia; para su estudio me apoyaba en el profesor Lácides Romero, pionero del acordeón clásico aquí en Colombia; entré ahí por él. Estando en la universidad decidí incursionar en un instrumento primo hermano del acordeón: el bandoneón.


Cuando salí de la Pedagógica en 2005 viajé a Argentina a estudiar por cinco años. Al volver a Colombia, pensé que era hora de hacer escuela del instrumento. Ya tengo 10 alumnos comprometidos, tengo una orquesta de tango de 25 músicos y seis son bandoneones; además, tengo un quinteto de cinco años de trayectoria con el que nos ha ido muy bien: nuestro logro máximo hasta el momento lo tuvimos en 2015  cuando nos nominaron a los premios Grammy Latino en la categoría de Tango. Han sido muchas cosas las que han ocurrido luego de mi paso por Batuta.


E: ¿Cómo describe su afinidad hacia el bandoneón?


G:
El bandoneón me cautiva porque el tango me cautiva; cuando lo tomo en mis manos siento que me gusta mucho también el tenerlo en las piernas, su timbre y el rol que tiene el bandoneón en las canciones para las que está hecho; todo me gusta.


Es un instrumento que me ha permitido tener el quinteto y la orquesta,  pero también tocar con grupos de diversos géneros, hace poco grabé con los Aterciopelados, con Monsieur Periné y con la cantautora Martha Gómez;  el fin del instrumento se presta muy bien para diferentes tipos de música y no solo para el tango. Tocar este instrumento me ha abierto muchas puertas.


E: ¿Cuéntenos sobre el quinteto con el que logró la nominación al Grammy Latino?


G:
Fuimos nominados al Grammy con el Quinteto Leopoldo Federico; bandoneonista que falleció hace un par de años, a quien conocí en Argentina y logré tocar con él. Es uno de los referentes más importantes de esta música que tanto me apasiona. Lo conocí como músico y personalmente, y fue tanta mi admiración, que decidí ponerle el nombre al proyecto que arranqué aquí en Colombia.


E: ¿Cómo es su experiencia como profesor de bandoneón en Colombia y cómo está el nivel de los practicantes en este país?


G:
Desde que yo empecé a estudiar este instrumento, hasta hoy, sí hay una evolución. El bandoneón no es muy conocido por tantos estudiantes, pero desde que haya una práctica permitirá que más jóvenes se interesen por él. El instrumento no es fácil de conseguir acá en Colombia, eso limita un poco su estudio. Como docente soy muy agradecido y bendecido porque aprendo muchísimo enseñando, es algo muy valioso.


R: ¿Algún mensaje para aquellos niños y jóvenes de Batuta  que le puedan ver como una inspiración o modelo a seguir, debido a su trayectoria artística?


G:
Traten de estar motivados y que les guste lo que hacen, lleguen a ser músicos o no, disfrútenlo cada día; repito, estén muy motivados, con la sola motivación se garantiza todo, el resto llegará solito.


Anécdota de su paso por Batuta:


Algo muy chistoso que recuerdo era que me quedaba dormido en los buses porque Batuta estaba muy lejos de mi casa y me despertaba porque el bus tomaba giros bruscos en los que se inclinaba justo llegando a la sede. Por supuesto, eso hace parte de la formación como persona y la responsabilidad a esa edad -uno de adolescente- al tomar un bus e irse hasta la “quinta porra” como se dice, y sin estar obligado.


***Si usted que ha leído este artículo hace parte de la comunidad de #Exbatutos, le invitamos a diligenciar el formulario de esta sección en el link http://www.fundacionbatuta.org/formulario-comunidad.php para que no cuente su historia de vida y podamos juntos reconstruir esta revolución musical que Batuta está logrando ya con 25 años de existencia, en los que ha creído y seguirá creyendo en el poder transformador de la música.


Batuta, el espacio mágico que le permitió soñar para hoy disfrutar su realidad cultural

Por Rafael Escobar Saumet

Periodista Fundación Nacional Batuta


Con un tablero, una tiza, una guitarra y muchas ganas, Natalia Alejandra Vega Acevedo tomó su primera clase de música en la Fundación Nacional Batuta a los 14 años, en el Centro Orquestal La Giralda de Fontibón, en Bogotá. En ese lugar conoció un par de maestras que con dicha guitarra, sencillas instrucciones y un trato amable, lograron sembrar en su corazón la pasión por la música.

“Para mí ese era un espacio mágico que considero, siempre fue muy bien liderado por María Cristina Rivera y su hermana Martha Sofía, dos personas a las que les debo mucho. A 15 minutos de camino desde mi casa estaba ese lugar que me permitía soñar”.

Natalia confiesa que había querido estudiar música desde antes de ingresar a Batuta, pero siempre había el problema logístico de quién la llevaba a las clases y la regresaba de vuelta a casa. “Cuando cumplí 14 años, me entero por mi vecino Ricardo Márquez que en la localidad existía un proceso nuevo de enseñanza musical llamado Batuta, dirigido en esa época por Gustavo Parra. Como estaba más grandecita pensé que ya podía entrar a estudiar música porque me podía ir y venir caminando, pues me quedaba cerca a casa”, comentó.

Su vecino, el señor Márquez, le había dictado clases a Natalia a sus 3 años y, cuando él se enteró que la Fundación llegaría a Fontibón, no dudó en impulsarla a ella y a sus papás, porque conocía su afinidad hacia la música y tenía buenos comentarios de lo que implementaría Batuta en la localidad.

Natalia recuerda que en sus primeras clases, la maestra Martha Sofía les dejó de tarea llevar una flauta, “la que fuera”; se consiguió una y empezó a ser parte de los montajes musicales de dicho instrumento, porque para entonces, como ella asegura, “era lo que había”.

“Estar en el proceso musical me sirvió mucho, me enseñó a valorar lo que uno hace, el esfuerzo de Batuta y los maestros, hasta ser agradecida por vivir en Fontibón, pues gracias a mi localidad se me abrieron los caminos para llegar a ser parte de la Fundación: desde estar en los procesos de formación musical hasta años más tarde convertirme en coordinadora de los mismos”, afirma Natalia.

Durante su estancia en Batuta estuvo en preorquesta y en la orquesta sinfónica de cuerdas pulsadas, en esta última, su instrumento musical fue la viola. “En tres ocasiones estuve en la Orquesta Bogotá, la cual era conformada por estudiantes de los diferentes Centros orquestales de la ciudad. Quienes teníamos mayor nivel viajábamos, hacíamos conciertos y valiosos intercambios con otras orquestas del país”.

Natalia también fue parte de Allegro, preorquesta representativa de Batuta con la que se presentó en los mejores escenarios de la ciudad. “Con Allegro aprendimos mucho y tocamos ante varias personalidades entre los que recuerdo a Joan Manuel Serrat y los expresidentes César Gaviria y Ernesto Samper; también viajé con la orquesta a Neiva, Bucaramanga y Medellín”.

De las cosas que más le atraía de estar en Batuta era la forma tan ágil con la que aprendía y hacía música con inmediatez; “algo muy práctico y divertido”.

Natalia estuvo vinculada a Batuta hasta la universidad. “En el único momento en el que no pude seguir fue cuando estaba terminando la universidad, con mi proyecto de grado, porque entre planos, libros, maquetas y trasnochadas, no me daba mucho tiempo para concentrarme en todo. Pero para mí, no ir a un ensayo era motivo de vergüenza, pues sabía que la música era un motor que me ayudaba hasta con mi rendimiento académico”, asegura.

“En Batuta todo se transforma, se empieza una rutina en términos de disciplina, puntualidad y compromiso. Cuando tienes un trabajo musical de excelencia, cuando ganas nuevos compañeros, cuando tienes que rendir para que te escojan para las presentaciones. Empiezas a demostrar tus capacidades y te envuelves en un ejercicio de saber relacionarte desde el talento”.

Un tiempo después, de la Dirección General de Batuta la llamaron para que trabajara como coordinadora musical de seis procesos en Cartagena: en los barrios El Pozón (14 de Febrero y Camilo Torres), María Auxiliadora, San José de los Campanos, Nelson Mandela y Las Palmeras. “Una de las mejores experiencias de mi vida, la labor que se hizo con todos esos chicos y chicas no tiene comparación. Fue un trabajo que dio frutos, que cambió vidas”.

“Definitivamente si no hubiese entrado a Batuta, con toda la bella experiencia que logré adquirir, no estaría hoy día en el lugar en el que estoy. Nunca me hubiera decidido además, a estudiar Gestión Cultural y tampoco me hubiera dado cuenta que mi pasión en la vida es la cultura”, afirma.

Por eso hoy le entusiasma al máximo todo lo que hace para apoyar a tantas iniciativas culturales desde su cargo como Asesora departamental de la Dirección de Fomento Regional del Ministerio de Cultura, en Bogotá y a lo largo de la geografía nacional.

“Para mí es una gran satisfacción guiar a tantas personas en la gestión de proyectos,  que sepan que sí pueden conseguir recursos y que pueden realmente trabajar por sus organizaciones culturales. Todo esto lo fusiono con mi carrera de arquitecta y con lo que le da más vida a mi área, como la pintura, la escultura, las artes plásticas... Sumado a ello, siempre tengo presentes los grandes recuerdos y valiosas enseñanzas que adquirí en Batuta, de esa forma me convenzo cada día más de que esto es lo que me apasiona, para lo que nací”, concluyó.

“Mi vida ha estado enmarcada en la música, la enseñanza y el trabajo en equipo”

Por Rafael Escobar Saumet

Periodista Fundación Nacional Batuta

Para María del Rosario Osorio, la Fundación Nacional Batuta ha sido su vida en los últimos 25 años. “He pasado por todos los niveles de Batuta: de ser estudiante, luego a ser monitora, profesora, coordinadora de Centro musical, hasta llegar ahora a ser Coordinadora musical de la Regional Bogotá – Antioquia; así que Batuta en realidad ha enmarcado la historia de mi vida”.

“Sayo”, como le dicen sus familiares y amigos, asegura que el aporte más importante que Batuta le dio a su vida a nivel musical y personal lo puede sintetizar en una palabra: responsabilidad. “Todo lo que he aprendido en Batuta me ha dado la noción de responsabilidad, siempre ha sido una constante en mi;  desde la disciplina que adquirí cuando pequeñita siendo estudiante, hasta el gran respeto que empecé a tener a medida que avanzaba, por el trabajo incomparable que hace Batuta”, asegura.

Su recorrido en la Fundación inició muy joven, desde su época de aprendiz en el Conservatorio de Bellas Artes de la Universidad de Caldas. “En aquellos días Batuta hizo una alianza con el Conservatorio para que los alumnos del Conservatorio pasáramos a ser parte de las orquestas de la Fundación, porque inicialmente eran orquestas, no eran ensambles como ahora; yo fui parte de la orquesta B, la de nivel intermedio”, recuerda.

Llevaba un año y medio tocando el violín cuando se crearon dos orquestas simultáneas en la Fundación Batuta Caldas, allí inició como tercer violín. “Luego de ese tiempo escuché con agrado una viola, pues en Manizales no había casi violistas y gracias a esa alianza entre las instituciones, llevaron al maestro Fabio Fuentes. Al escucharlo tocar quedé enamorada del instrumento”.

Como no había suficientes violas para poder practicar el instrumento, lo que hizo -guiada por el maestro- fue cambiar las cuerdas de su violín, por las cuerdas de viola. “Gracias a eso me metí de lleno a estudiarla y asistí al Primer Encuentro Orquestal en Bogotá. Allí pude compartir con los chicos de Batuta de todo el país y fue la primera experiencia que me impactó a nivel artístico, con la que se consolidó mi gusto por la música sinfónica”.

“La experiencia siempre fue increíble, porque más que una competencia era mostrar nuestro trabajo y estudiar mucho para compartir con los demás nuestros avances, lo que lográbamos cada uno desde nuestra disciplina y lo que compartíamos como compañeros y amigos”, afirma María del Rosario.

Después de su participación como estudiante en la Fundación Batuta Caldas pasó a hacer las monitorias, siendo orientadora de clases de violín y viola de las niñas y niños nuevos. Una época que recuerda con gran afecto gracias a la guía de los maestros Carlos Rocha, Nelson Monroy, Octavio Carmona y Adriana Quintero. “Ensayábamos cuatro veces a la semana, era una carga alta, gracias a eso pudimos subir el nivel y destacarnos ante las orquestas de Batuta a nivel nacional”.

P: ¿Cómo marcó Batuta su vida?

MR: Yo iba a estudiar agronomía. Un día mi papá me dijo: “mira hija, la vida es dura, piensa dónde crees que vas a ser feliz”. Esa frase siempre la recuerdo y luego de pensar en mi trayectoria en Batuta, decidí estudiar música.

Hice mi periodo universitario estando al tiempo en Batuta, nuestra práctica orquestal era con la Fundación, y organizaba mis horarios de clase para que no interfiriera con los ensayos de la orquesta. Estuve hasta los 20 años, hasta que me gradué como Licenciada en Música con énfasis en Viola de la Universidad de Caldas.

P: ¿Qué siguió para usted después de terminar la Universidad?

MR: Cuando mis maestros me dijeron que ya había cumplido un ciclo, que tenía que buscar más opciones, decidí venirme a Bogotá, ciudad en la que resido actualmente. Acá estudié con Juan Sebastián Castillo, quien era el principal de viola de la Sinfónica Nacional de Colombia. Viajaba cada quince días entre Bogotá y Manizales para perfeccionar mis conocimientos, porque no me desprendía totalmente de la actividad musical de Manizales.

P: ¿Cómo llega nuevamente a Batuta?

MR: En 2007 me llamaron a una entrevista, para ver si podía estar en Formación de formadores, un hermoso proyecto entre la Universidad Nacional y la Fundación Batuta. Pasé la prueba, trabajé un año en ese proyecto, y también en el proceso de formación del Centro musical de la localidad de Puente Aranda, una experiencia que debo confesar, ha sido de las mejores de mi vida.

Comencé como profesora en 2007 y doce meses después tuve la oportunidad de ser la coordinadora del Centro musical, una labor maravillosa en la que estuve por ocho años. La pasión por lo que hacíamos se notaba, logramos crear y dirigir tres orquestas, dos sinfónicas -cada una de 70 u 80 integrantes- y una orquesta de cuerdas de 57 chicos, el crecimiento fue gigante: de 140 niños y niñas, pasamos a tener 480 en dos sedes y logramos posicionar el proceso sinfónico.

P: ¿Cuál es el aprendizaje que le deja dedicarle su vida a la música?

MR: Trabajar siempre con una sonrisa. Todo el tiempo he pensado que hay que trabajar con buen ánimo porque no solo es tu vida la que inviertes en ello, es impactar la vida de muchas personas con tu trabajo y, si es con música, mucho más. Para mí no hay domingos de descanso en mi cuarto si sé que puedo salir a trabajar y disfrutar con los niños y niñas que como yo, sueñan con una vida llena de música.

Una carrera musical atada a los acordes del bandoneón

Por Rafael Escobar Saumet
Periodista Fundación Nacional Batuta


Giovanni Parra Huertas es un bogotano cuyos pasos en el medio musical han sido marcados por varios motivos importantes que direccionaron su andar artístico. Dos de ellos: el bandoneón, su instrumento por excelencia y Batuta, el lugar que le mostró un panorama para que la música se convirtiera en el rumbo profesional de su vida.


“Batuta para mí fue una experiencia de vida musical, un lugar que me hizo conocer diferentes géneros, sobre todo fue la ventana a la música clásica, porque en Batuta escuché, por ejemplo, los referentes del chelo con sus conciertos –el instrumento que estudié mientras estuve en la Fundación– y logré conectarme con la música sinfónica. Batuta para mí fue una puerta hacia músicas que yo no había escuchado antes, las cuales iban a nutrir a futuro mi formación como músico”, comentó Giovanni en entrevista con la FNB para la sección de #Exbatutos.


Su maestra de chelo era Luz Mary Sánchez, alguien que según él, supo dirigirlo ante la oportunidad artística que la vida le daba en ese momento. “Considero que en realidad la institución son los maestros. Son quienes enseñan y educan y, en ella, encontré una muy  buena maestra. Lo que me dio Batuta fue eso, una maestra que me motivó a hacer música. Además, ver muchos jóvenes de mi edad y hasta menores que yo haciendo música fue algo que me marcó; siempre lo tengo grabado en mi mente”.


En Batuta, Giovanni estuvo alrededor de un año y medio, en esa época tomó clases en el Centro Orquestal La Victoria. “La pasaba muy bien, los conciertos que hacíamos en el Centro Comunitario eran muy interesantes y además de todo aprendía muchísimo; cuando me retiré lo hice por las distancias, porque vivía en Bosa y me quedaba muy difícil llegar hasta allá. Después me arrepentí de haberme salido pero por haberlo hecho y seguir otros rumbos, tuve otros aprendizajes de vida, igual de valiosos como lo fue Batuta para mí”. Recuerda Giovanni de lo vivido entre los años 1997 y 1998.


Entrevistador: ¿Cómo fue salir de Batuta y empezar a recorrer otros rumbos con ese impulso que le dio la Fundación para que siguiera en la música?


Giovanni:
Al salir de Batuta ingresé a la carrera de Música en la Universidad Pedagógica, directamente me incliné por practicar el acordeón, un instrumento que me gustó desde siempre por su sonido y exigencia; para su estudio me apoyaba en el profesor Lácides Romero, pionero del acordeón clásico aquí en Colombia; entré ahí por él. Estando en la universidad decidí incursionar en un instrumento primo hermano del acordeón: el bandoneón.


Cuando salí de la Pedagógica en 2005 viajé a Argentina a estudiar por cinco años. Al volver a Colombia, pensé que era hora de hacer escuela del instrumento. Ya tengo 10 alumnos comprometidos, tengo una orquesta de tango de 25 músicos y seis son bandoneones; además, tengo un quinteto de cinco años de trayectoria con el que nos ha ido muy bien: nuestro logro máximo hasta el momento lo tuvimos en 2015  cuando nos nominaron a los premios Grammy Latino en la categoría de Tango. Han sido muchas cosas las que han ocurrido luego de mi paso por Batuta.


E: ¿Cómo describe su afinidad hacia el bandoneón?


G:
El bandoneón me cautiva porque el tango me cautiva; cuando lo tomo en mis manos siento que me gusta mucho también el tenerlo en las piernas, su timbre y el rol que tiene el bandoneón en las canciones para las que está hecho; todo me gusta.


Es un instrumento que me ha permitido tener el quinteto y la orquesta,  pero también tocar con grupos de diversos géneros, hace poco grabé con los Aterciopelados, con Monsieur Periné y con la cantautora Martha Gómez;  el fin del instrumento se presta muy bien para diferentes tipos de música y no solo para el tango. Tocar este instrumento me ha abierto muchas puertas.


E: ¿Cuéntenos sobre el quinteto con el que logró la nominación al Grammy Latino?


G:
Fuimos nominados al Grammy con el Quinteto Leopoldo Federico; bandoneonista que falleció hace un par de años, a quien conocí en Argentina y logré tocar con él. Es uno de los referentes más importantes de esta música que tanto me apasiona. Lo conocí como músico y personalmente, y fue tanta mi admiración, que decidí ponerle el nombre al proyecto que arranqué aquí en Colombia.


E: ¿Cómo es su experiencia como profesor de bandoneón en Colombia y cómo está el nivel de los practicantes en este país?


G:
Desde que yo empecé a estudiar este instrumento, hasta hoy, sí hay una evolución. El bandoneón no es muy conocido por tantos estudiantes, pero desde que haya una práctica permitirá que más jóvenes se interesen por él. El instrumento no es fácil de conseguir acá en Colombia, eso limita un poco su estudio. Como docente soy muy agradecido y bendecido porque aprendo muchísimo enseñando, es algo muy valioso.


R: ¿Algún mensaje para aquellos niños y jóvenes de Batuta  que le puedan ver como una inspiración o modelo a seguir, debido a su trayectoria artística?


G:
Traten de estar motivados y que les guste lo que hacen, lleguen a ser músicos o no, disfrútenlo cada día; repito, estén muy motivados, con la sola motivación se garantiza todo, el resto llegará solito.


Anécdota de su paso por Batuta:


Algo muy chistoso que recuerdo era que me quedaba dormido en los buses porque Batuta estaba muy lejos de mi casa y me despertaba porque el bus tomaba giros bruscos en los que se inclinaba justo llegando a la sede. Por supuesto, eso hace parte de la formación como persona y la responsabilidad a esa edad -uno de adolescente- al tomar un bus e irse hasta la “quinta porra” como se dice, y sin estar obligado.


***Si usted que ha leído este artículo hace parte de la comunidad de #Exbatutos, le invitamos a diligenciar el formulario de esta sección en el link http://www.fundacionbatuta.org/formulario-comunidad.php para que no cuente su historia de vida y podamos juntos reconstruir esta revolución musical que Batuta está logrando ya con 25 años de existencia, en los que ha creído y seguirá creyendo en el poder transformador de la música.


Batuta, el espacio mágico que le permitió soñar para hoy disfrutar su realidad cultural

Por Rafael Escobar Saumet

Periodista Fundación Nacional Batuta


Con un tablero, una tiza, una guitarra y muchas ganas, Natalia Alejandra Vega Acevedo tomó su primera clase de música en la Fundación Nacional Batuta a los 14 años, en el Centro Orquestal La Giralda de Fontibón, en Bogotá. En ese lugar conoció un par de maestras que con dicha guitarra, sencillas instrucciones y un trato amable, lograron sembrar en su corazón la pasión por la música.

“Para mí ese era un espacio mágico que considero, siempre fue muy bien liderado por María Cristina Rivera y su hermana Martha Sofía, dos personas a las que les debo mucho. A 15 minutos de camino desde mi casa estaba ese lugar que me permitía soñar”.

Natalia confiesa que había querido estudiar música desde antes de ingresar a Batuta, pero siempre había el problema logístico de quién la llevaba a las clases y la regresaba de vuelta a casa. “Cuando cumplí 14 años, me entero por mi vecino Ricardo Márquez que en la localidad existía un proceso nuevo de enseñanza musical llamado Batuta, dirigido en esa época por Gustavo Parra. Como estaba más grandecita pensé que ya podía entrar a estudiar música porque me podía ir y venir caminando, pues me quedaba cerca a casa”, comentó.

Su vecino, el señor Márquez, le había dictado clases a Natalia a sus 3 años y, cuando él se enteró que la Fundación llegaría a Fontibón, no dudó en impulsarla a ella y a sus papás, porque conocía su afinidad hacia la música y tenía buenos comentarios de lo que implementaría Batuta en la localidad.

Natalia recuerda que en sus primeras clases, la maestra Martha Sofía les dejó de tarea llevar una flauta, “la que fuera”; se consiguió una y empezó a ser parte de los montajes musicales de dicho instrumento, porque para entonces, como ella asegura, “era lo que había”.

“Estar en el proceso musical me sirvió mucho, me enseñó a valorar lo que uno hace, el esfuerzo de Batuta y los maestros, hasta ser agradecida por vivir en Fontibón, pues gracias a mi localidad se me abrieron los caminos para llegar a ser parte de la Fundación: desde estar en los procesos de formación musical hasta años más tarde convertirme en coordinadora de los mismos”, afirma Natalia.

Durante su estancia en Batuta estuvo en preorquesta y en la orquesta sinfónica de cuerdas pulsadas, en esta última, su instrumento musical fue la viola. “En tres ocasiones estuve en la Orquesta Bogotá, la cual era conformada por estudiantes de los diferentes Centros orquestales de la ciudad. Quienes teníamos mayor nivel viajábamos, hacíamos conciertos y valiosos intercambios con otras orquestas del país”.

Natalia también fue parte de Allegro, preorquesta representativa de Batuta con la que se presentó en los mejores escenarios de la ciudad. “Con Allegro aprendimos mucho y tocamos ante varias personalidades entre los que recuerdo a Joan Manuel Serrat y los expresidentes César Gaviria y Ernesto Samper; también viajé con la orquesta a Neiva, Bucaramanga y Medellín”.

De las cosas que más le atraía de estar en Batuta era la forma tan ágil con la que aprendía y hacía música con inmediatez; “algo muy práctico y divertido”.

Natalia estuvo vinculada a Batuta hasta la universidad. “En el único momento en el que no pude seguir fue cuando estaba terminando la universidad, con mi proyecto de grado, porque entre planos, libros, maquetas y trasnochadas, no me daba mucho tiempo para concentrarme en todo. Pero para mí, no ir a un ensayo era motivo de vergüenza, pues sabía que la música era un motor que me ayudaba hasta con mi rendimiento académico”, asegura.

“En Batuta todo se transforma, se empieza una rutina en términos de disciplina, puntualidad y compromiso. Cuando tienes un trabajo musical de excelencia, cuando ganas nuevos compañeros, cuando tienes que rendir para que te escojan para las presentaciones. Empiezas a demostrar tus capacidades y te envuelves en un ejercicio de saber relacionarte desde el talento”.

Un tiempo después, de la Dirección General de Batuta la llamaron para que trabajara como coordinadora musical de seis procesos en Cartagena: en los barrios El Pozón (14 de Febrero y Camilo Torres), María Auxiliadora, San José de los Campanos, Nelson Mandela y Las Palmeras. “Una de las mejores experiencias de mi vida, la labor que se hizo con todos esos chicos y chicas no tiene comparación. Fue un trabajo que dio frutos, que cambió vidas”.

“Definitivamente si no hubiese entrado a Batuta, con toda la bella experiencia que logré adquirir, no estaría hoy día en el lugar en el que estoy. Nunca me hubiera decidido además, a estudiar Gestión Cultural y tampoco me hubiera dado cuenta que mi pasión en la vida es la cultura”, afirma.

Por eso hoy le entusiasma al máximo todo lo que hace para apoyar a tantas iniciativas culturales desde su cargo como Asesora departamental de la Dirección de Fomento Regional del Ministerio de Cultura, en Bogotá y a lo largo de la geografía nacional.

“Para mí es una gran satisfacción guiar a tantas personas en la gestión de proyectos,  que sepan que sí pueden conseguir recursos y que pueden realmente trabajar por sus organizaciones culturales. Todo esto lo fusiono con mi carrera de arquitecta y con lo que le da más vida a mi área, como la pintura, la escultura, las artes plásticas... Sumado a ello, siempre tengo presentes los grandes recuerdos y valiosas enseñanzas que adquirí en Batuta, de esa forma me convenzo cada día más de que esto es lo que me apasiona, para lo que nací”, concluyó.

“Mi vida ha estado enmarcada en la música, la enseñanza y el trabajo en equipo”

Por Rafael Escobar Saumet

Periodista Fundación Nacional Batuta

Para María del Rosario Osorio, la Fundación Nacional Batuta ha sido su vida en los últimos 25 años. “He pasado por todos los niveles de Batuta: de ser estudiante, luego a ser monitora, profesora, coordinadora de Centro musical, hasta llegar ahora a ser Coordinadora musical de la Regional Bogotá – Antioquia; así que Batuta en realidad ha enmarcado la historia de mi vida”.

“Sayo”, como le dicen sus familiares y amigos, asegura que el aporte más importante que Batuta le dio a su vida a nivel musical y personal lo puede sintetizar en una palabra: responsabilidad. “Todo lo que he aprendido en Batuta me ha dado la noción de responsabilidad, siempre ha sido una constante en mi;  desde la disciplina que adquirí cuando pequeñita siendo estudiante, hasta el gran respeto que empecé a tener a medida que avanzaba, por el trabajo incomparable que hace Batuta”, asegura.

Su recorrido en la Fundación inició muy joven, desde su época de aprendiz en el Conservatorio de Bellas Artes de la Universidad de Caldas. “En aquellos días Batuta hizo una alianza con el Conservatorio para que los alumnos del Conservatorio pasáramos a ser parte de las orquestas de la Fundación, porque inicialmente eran orquestas, no eran ensambles como ahora; yo fui parte de la orquesta B, la de nivel intermedio”, recuerda.

Llevaba un año y medio tocando el violín cuando se crearon dos orquestas simultáneas en la Fundación Batuta Caldas, allí inició como tercer violín. “Luego de ese tiempo escuché con agrado una viola, pues en Manizales no había casi violistas y gracias a esa alianza entre las instituciones, llevaron al maestro Fabio Fuentes. Al escucharlo tocar quedé enamorada del instrumento”.

Como no había suficientes violas para poder practicar el instrumento, lo que hizo -guiada por el maestro- fue cambiar las cuerdas de su violín, por las cuerdas de viola. “Gracias a eso me metí de lleno a estudiarla y asistí al Primer Encuentro Orquestal en Bogotá. Allí pude compartir con los chicos de Batuta de todo el país y fue la primera experiencia que me impactó a nivel artístico, con la que se consolidó mi gusto por la música sinfónica”.

“La experiencia siempre fue increíble, porque más que una competencia era mostrar nuestro trabajo y estudiar mucho para compartir con los demás nuestros avances, lo que lográbamos cada uno desde nuestra disciplina y lo que compartíamos como compañeros y amigos”, afirma María del Rosario.

Después de su participación como estudiante en la Fundación Batuta Caldas pasó a hacer las monitorias, siendo orientadora de clases de violín y viola de las niñas y niños nuevos. Una época que recuerda con gran afecto gracias a la guía de los maestros Carlos Rocha, Nelson Monroy, Octavio Carmona y Adriana Quintero. “Ensayábamos cuatro veces a la semana, era una carga alta, gracias a eso pudimos subir el nivel y destacarnos ante las orquestas de Batuta a nivel nacional”.

P: ¿Cómo marcó Batuta su vida?

MR: Yo iba a estudiar agronomía. Un día mi papá me dijo: “mira hija, la vida es dura, piensa dónde crees que vas a ser feliz”. Esa frase siempre la recuerdo y luego de pensar en mi trayectoria en Batuta, decidí estudiar música.

Hice mi periodo universitario estando al tiempo en Batuta, nuestra práctica orquestal era con la Fundación, y organizaba mis horarios de clase para que no interfiriera con los ensayos de la orquesta. Estuve hasta los 20 años, hasta que me gradué como Licenciada en Música con énfasis en Viola de la Universidad de Caldas.

P: ¿Qué siguió para usted después de terminar la Universidad?

MR: Cuando mis maestros me dijeron que ya había cumplido un ciclo, que tenía que buscar más opciones, decidí venirme a Bogotá, ciudad en la que resido actualmente. Acá estudié con Juan Sebastián Castillo, quien era el principal de viola de la Sinfónica Nacional de Colombia. Viajaba cada quince días entre Bogotá y Manizales para perfeccionar mis conocimientos, porque no me desprendía totalmente de la actividad musical de Manizales.

P: ¿Cómo llega nuevamente a Batuta?

MR: En 2007 me llamaron a una entrevista, para ver si podía estar en Formación de formadores, un hermoso proyecto entre la Universidad Nacional y la Fundación Batuta. Pasé la prueba, trabajé un año en ese proyecto, y también en el proceso de formación del Centro musical de la localidad de Puente Aranda, una experiencia que debo confesar, ha sido de las mejores de mi vida.

Comencé como profesora en 2007 y doce meses después tuve la oportunidad de ser la coordinadora del Centro musical, una labor maravillosa en la que estuve por ocho años. La pasión por lo que hacíamos se notaba, logramos crear y dirigir tres orquestas, dos sinfónicas -cada una de 70 u 80 integrantes- y una orquesta de cuerdas de 57 chicos, el crecimiento fue gigante: de 140 niños y niñas, pasamos a tener 480 en dos sedes y logramos posicionar el proceso sinfónico.

P: ¿Cuál es el aprendizaje que le deja dedicarle su vida a la música?

MR: Trabajar siempre con una sonrisa. Todo el tiempo he pensado que hay que trabajar con buen ánimo porque no solo es tu vida la que inviertes en ello, es impactar la vida de muchas personas con tu trabajo y, si es con música, mucho más. Para mí no hay domingos de descanso en mi cuarto si sé que puedo salir a trabajar y disfrutar con los niños y niñas que como yo, sueñan con una vida llena de música.

“Batuta puso en mis manos un instrumento que le dio sentido a mi existencia”

Por Rafael Escobar Saumet
Periodista Fundación Nacional Batuta


La pamplonesa que empezó su vida musical a los 6 años de edad y que hoy se mueve en el mundo sinfónico alemán, hace parte de esta comunidad de #Exbatutos que con esfuerzo, talento y mucha dedicación hacen patria en el medio artístico internacional.

María Carolina Hernández Parada vive en Frankfurt am Main, Alemania y se la pasa entre pianos, cuartetos de cuerdas, guitarras y su flauta traversa, el instrumento que según ella, le marcó un rumbo en la vida y que tuvo por primera vez en sus manos gracias a la Fundación Nacional Batuta.

Y fue precisamente en Batuta donde Carolina pasó su niñez explorando un mundo nuevo. “Fue el espacio ideal para hacer música jugando, donde tuve los mejores amigos y profesores, el lugar del que tengo los más grandes recuerdos de mi infancia y adolescencia”, comentó.

Mientras estuvo en las aulas de Batuta, María Carolina adquirió la disciplina de estudiar un instrumento, de saber lo que era según ella, sentarse muchas horas a preparar una pieza musical para no solamente tenerla lista y aprendida, sino también lograrla con excelencia, afinación y soltura. “Las cosas que queremos no se logran fácilmente, se necesita trabajarlas con mucha dedicación y eso lo aprendí desde muy niña con Batuta”.

Su primer maestro de flauta fue Hugo Espinoza, profesor de la Universidad de Antioquia que Batuta llevaba como tallerísta hasta Norte de Santander. “Era lo máximo tener clases con él, siempre me motivó a dar lo mejor de mí en el instrumento, fue un maestro que me brindó muchos espacios y oportunidades para ser cada día mejor. Con él sentí que la música podía ser un camino para mí: verlo cómo daba las clases y el compromiso que tenía con sus estudiantes me hizo pensar que yo quería ser como él, que quería ser flautista y, que además, quería ser la versión femenina de mi profesor”, recuerda.

Carolina, siendo niña Batuta, participó en varios encuentros musicales en Cúcuta, sobre todo cuando a esa ciudad llegaba la Sinfónica Nacional de Colombia y podía, junto a sus compañeritos de Batuta Pamplona, asistir a las clases de Sinfonorte, una actividad académico-musical en la que participó durante tres años seguidos.

“Pasé mucho tiempo aprendiendo más sobre el instrumento y luego, cuando tenía 15 años fui a un Encuentro Nacional Orquestal en la costa Caribe colombiana, en el que pude demostrar ante un público más grande mis habilidades en la flauta traversa”, recordó con emoción.

Sus padres, Rosalba y Julio, siempre apoyaron todo ese proceso musical, tanto el de Carolina como el de su hermana Mónica, quien también pasó por las aulas de Batuta y hoy día adelanta estudios de violín en Alemania. “Estoy muy agradecida con Batuta por la ventana de expresión tan grande que significó para mis hijas. El apoyo de la familia es muy importante para que los niños y niñas no desistan en su crecimiento musical y continúen firmes a pesar de cualquier adversidad. Yo estaba tan firme con su proceso en Batuta que tuve la oportunidad de ser la  presidenta de la Asociación de Padres de Familia de los Niños de Batuta Pamplona y con nuestra gestión, se lograron clases con tallerístas especializados que elevaron el nivel musical de nuestros hijos”, aseguró Rosalba Parada, madre de Carolina.

Cuando cumplió 16 años decidió tocar las puertas del Conservatorio de la Universidad Nacional. Al ser aceptada y entrar, identificó la ventaja de haber pasado por Batuta tanto a nivel musical como social. “Siempre me encontraba con personas que habían estudiado en la Fundación y lo que habíamos aprendido allí nos daba un paso adelante ante los demás; en el medio musical que conocí en Colombia había una percepción agradable hacia Batuta”.

Desarrolló entonces su carrera de Música Instrumental en el Conservatorio de la Universidad Nacional de Colombia, de la que se graduó en abril de 2012. Mientras adelantaba sus estudios, trabajaba con la Orquesta Sinfónica Nacional de Colombia tocando la flauta y el piccolo; también estuvo en varios proyectos de zarzuela que tenía la Orquesta Cafam de esa época y, además, se le abrieron puertas interesantes en el medio musical de Bogotá debido a constantes invitaciones que recibía para tocar en varios proyectos en los que participaba la Universidad Nacional, demostrando así su compromiso y excelente nivel con la flauta.

Vivir en Alemania

En junio de 2012, dos meses después de graduarse como músico en Colombia, decidió abrir sus alas y volar hasta Frankfurt am Main, y ver qué podía pasar si se medía a exámenes y audiciones que le permitieran ingresar al medio musical de Alemania.

“Fue un poco arriesgado, porque para mí no había otro objetivo diferente a este país; su música y su calidad académica me atraían muchísimo, por eso me preparé y aprendí el idioma estando en Colombia durante dos años antes de venirme para acá. Mi gran meta era estar en Frankfurt porque acá enseña Sebastian Wittiber, solista de la Orquesta de la Radio de Frankfurt, un modelo a seguir para mí y, como premio a mis ganas, tuve la fortuna de entrar a su cátedra”, comentó la flautista.

Ya en octubre de 2015, Carolina tomó grado de su primera Maestría Instrumental en Flauta Traversa y en febrero de 2017 se graduará de una segunda, esta vez en Trabajo de Orquesta, ambas de la Universidad Hochschule für Musik und Darstellende Kunst Frankfurt am Main.

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“Batuta fue el impulso artístico de mi vida”

Por Rafael Escobar Saumet
Periodista Fundación Nacional Batuta


En 1993, Luis José Bautista Rodríguez ingresó a la Corporación Batuta Cúcuta, lugar en el que aprendió a tocar el bombo, la percusión, los platillos, el piano y la flauta traversa, el instrumento que marcaría su carrera musical.


De su paso por Batuta recuerda que era el lugar al que iba a hacer música, era un espacio de puertas abiertas para todos. “Siempre fue y creo que todavía sigue siendo un punto de encuentro para niños y niñas de todas las clases sociales y edades; allí llegaban chicos muy pobres y otros de estratos acomodados, y lo bueno era ver que nadie se fijaba en eso, vivíamos momentos muy agradables entorno a la música, la cual borraba esas diferencias”, comentó el flautista.


En plena adolescencia y con ganas de encontrar una actividad que trazara el destino de su vida a nivel profesional, Luis permaneció tres años en las aulas de Batuta, tiempo en el que también tomó varias clases de dirección de orquesta con la maestra Margarita Vélez, quien lideraba en Cúcuta el ‘Plan Batuta’ de la época. “Con ella tuve clases intensivas de piano y, estando en la Orquesta representativa de la Corporación, también pude dirigir, pues siempre le manifesté mi gusto por esa faceta. Ella me dio la oportunidad al nombrarme como subdirector teniendo solo 16 años”, recordó Luis con mucha satisfacción.


Debido a su gran interés por el aprendizaje musical en Batuta, a Luis se le dio otra oportunidad de dirigir, esta vez el Programa Orff, instruyendo a niños entre los 6 y 12 años. “En ese entonces Batuta quedaba en el Instituto de Cultura y Bellas Artes de Cúcuta, allí había un instrumental orff hermosísimo: marimbas de todos los tamaños, xilófonos, metalófonos, instrumentos de percusión pequeña y flautas dulces. Se creó una orquesta que llamamos la Orquesta Orff, fue una grata experiencia de un año en la que le enseñamos a los niños a leer partitura y a tocar los instrumentos a varias voces”.


Entre otros logros conseguidos mientras estuvo en Batuta, Luis participó en el Primer Encuentro Nacional de Orquestas en Bogotá, realizado en diciembre de 1993, en el cual fue primera flauta. Estuvo al frente del Capítulo Batuta Cúcuta por un tiempo y lideró conciertos en los colegios de su ciudad, para dar a conocer el ‘Plan Batuta’ y promover la Orquesta representativa para que más niños la integraran.


En 1995 participó en el Encuentro Binacional de Orquestas Colombo Venezolanas y tuvo la oportunidad de conocer al maestro José Antonio Abreu, creador del Sistema Nacional de Orquestas Infantiles y Juveniles de Venezuela, modelo que inspiró a Batuta en Colombia.  Bajo su dirección, interpretó los himnos nacionales de ambos países. “Fue una inolvidable y muy enriquecedora experiencia, no solo por haber compartido con el maestro Abreu, sino también por haber interactuado con la Orquesta representativa de San Cristóbal, Venezuela”, aseguró.


Después de estar esos tres años en Batuta concluyó que se dedicaría a la música y se mudó a Bogotá para cumplir esa meta de vida. “Hice todo para ingresar al Conservatorio de la Universidad Nacional pero me di cuenta que no tenía el nivel para entrar en ese momento. Pensé que era bueno prepararme un poco más y fue así como ingresé a la Fundación Orquesta Sinfónica Juvenil de Colombia; allí estudié con la maestra María Nuri Polanía, quien me preparó para entrar al Conservatorio”.


Luego de un año de intensa preparación, presentó su examen y fue aceptado. Allí estuvo nueve años, hasta el 2006. “Estudié mi pregrado de Música en interpretación de la Flauta con énfasis en Música de Cámara. En 2007 recibí mi diploma y ese mismo año me gané una beca por concurso internacional ante 1.500 postulados, en la Lynn University de Boca Ratón, Florida, Estados Unidos. Siento que en ese lugar, la música terminó de posicionarse en mí, al aprender con los mejores maestros de la Orquesta Filarmónica de Nueva York, entre las que recuerdo con mucho afecto a la gran flautista Rene Seebert”, agregó el artista norte santandereano.


De Estados Unidos se fue a vivir a Holanda, lugar en el que además estableció una familia. “Aunque no fue un buen momento para llegar a Holanda, decidí estudiar, porque no me dejaban dictar clases de música por no tener un diploma de licenciado homologado. Entonces me presenté en el Hogeschool Leiden, convalidé muchas materias y pude hacer nuevamente mi pregrado de música avalado esta vez por las normas holandesas de la educación;  lo hice en dos años”.


Hoy día, a sus 37 años, Luis se desempeña como maestro de música en cinco escuelas diferentes en las que dicta clases a 250 niños en cada una. “Soy profesor desde el grupo uno al ocho, todos los días de lunes a viernes y en total estoy educando 1.250 niños por semana, chicos y chicas desde los 6 hasta los 12 años, con una educación musical avanzada”.

E: ¿Recuerda algún tipo de instrucción que usted haya recibido como niño Batuta que esté implementando actualmente como maestro en Holanda?
L: Sí claro, nosotros en el Plan Batuta aprendimos a leer música tocándola, no había clases preliminares de partitura, íbamos directo al instrumento y con las repeticiones lo lográbamos, aprendíamos a leer música, algo que me ha servido muchísimo para dictar mis clases acá en los Países Bajos.


E: ¿Cuál fue el aporte más importante que Batuta le dio a su vida a nivel musical?
L: Haber hecho música a tan corta edad con un alto nivel y ver la música desde otra perspectiva, con técnica. Yo no tocaba flauta traversa y siempre había querido hacerlo. Batuta llevó los instrumentos hasta mi ciudad y con ellos, unos excelentes tallerístas que me guiaron en el aprendizaje de la técnica del instrumento. Mi primer profesor de flauta fue el maestro Luis Fernando Pérez, de la Filarmónica de Bogotá, con él aprendí bases sólidas que me sirvieron mucho para lo que venía en mi vida artística.


E: ¿Qué mensaje le daría a los niños y jóvenes que actualmente hacen parte de la Fundación Nacional Batuta?
L: La música es el medio con el que los seres humanos nos volvemos más sensibles, reaprendemos a sentir, nos conecta con nuestras emociones y nos ayuda a ser más sociales. Hay que disfrutarla y no solo hacerla; la música debe estar presente en la vida de todos los niños porque les mejora la disciplina y la autoestima. Todos, niños y adultos que tengan contacto con la música debemos tomar sus cosas buenas y aplicarlas también en otras partes del ser.


E: ¿Qué significa Batuta para usted?
L: Batuta fue el impulso artístico de mi vida. Cuando tenía 15 años, Batuta me dio la oportunidad de oro al interpretar música de los grandes compositores y de hacerlo con amigos. Fue muy importante tener ese contacto al poder sentir la música de una forma más cercana. Batuta fue un viaje muy hermoso hacia la música clásica. Un viaje de emociones, de experiencias artísticas nuevas.

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“Desde hace 25 años, Batuta orienta mis pasos”

Por Rafael Escobar Saumet

Periodista Fundación Nacional Batuta

Convencido de que la música le tiene sorpresas y aprendizajes agradables a todo aquel que se dedique a ella, Juan José Toscano Rincón, cucuteño de 37 años, es uno de esos personajes en los que se evidencia que “las casualidades no existen”.

Su primer contacto con la música fue gracias a una visita en la que acompañó a un amigo a inscribirse en el Centro musical Batuta de la Corporación Batuta Cúcuta, a mediados de 1991. Lo que era el plan del día para su amigo, terminó siendo el plan de toda la vida para Juan José.

“Mientras lo acompañaba ese día en su proceso, yo veía con detenimiento todo lo que ocurría en aquel lugar con tantos chicos tocando instrumentos. Me gustó el cuento, me llamó la atención, me impresionó y pensé que sería bueno llegar a ser parte de eso que sentía que me gustaba. Ese día también me inscribí y allí empezó mi proceso de formación musical, a mis 13 años de edad”, recuerda Juan.

Siempre quiso tocar bien la trompeta, porque en la banda del colegio era el instrumento que más “cacharreaba”. Cuando entró a Batuta logró un puesto en el trombón pero terminó por no gustarle, por lo que insistió con la trompeta hasta que le dieron la oportunidad de interpretar ese instrumento que junto a la flauta dulce, serían los compañeros inseparables de su carrera musical.

Uno de los momentos que marcó el recorrido artístico de Juan José fue su participación en el concierto de lanzamiento de la Fundación Nacional de Orquestas Sinfónicas Juveniles e Infantiles Batuta de Colombia, el domingo 22 de septiembre de 1991 en la Plaza de Bolívar de Bogotá.

“Fue muy chévere compartir en aquellos talleres previos al concierto con otros instrumentistas de diversas orquestas, conocer otros músicos, compartir la estadía de varios días y la exigencia del concierto mismo. Para mí todo fue un reto, porque antes no se había hecho algo así, además que yo era de los más jóvenes allí”.

“Recuerdo que en pleno concierto, la mayoría de los músicos nos perdimos en una de las obras, un momento bastante engorroso que el director supo sortear. Los jóvenes que integrábamos la Orquesta evidenciamos con nuestras miradas que estábamos perdidos. Pero este fue un momento muy satisfactorio, porque de allí se abrieron las puertas a lo que sería Batuta en tantos rincones del país, en los que la música deja huellas imborrables desde hace 25 años”, agregó el músico norte santandereano.

Luego de esta primera experiencia de conformar una Orquesta con diversos jóvenes de todo el país, continuó su recorrido en la Orquesta Sinfónica Batuta Capítulo Cúcuta, con la que participó en el Primer Encuentro Binacional de Orquestas que se realizó entre Cúcuta, Colombia y San Cristóbal, Venezuela, en 1994. “Luego estuve en Bucaramanga en el Tercer Encuentro Nacional de Orquestas Sinfónicas Batuta, me presenté con la Orquesta en el Auditorio Luis A. Calvo de la Universidad Industrial de Santander y en la Plaza Central de la ciudad. Además, participé en diferentes espacios culturales auspiciados por los entes privados y públicos de la región”, anotó.

Juan José fue estudiante Batuta durante siete años. Al salir de las aulas de la Fundación, decidió perfeccionar sus estudios musicales durante tres años en San Cristóbal - Táchira, Venezuela, en la Escuela de Música Miguel Ángel Espinel y en uno de los Centros Musicales del Sistema Nacional de Orquestas y Coros Juveniles e Infantiles de Venezuela.

Luego de ese periodo, trabajó en el Conservatorio Sinfonorte de Cúcuta y a la par estudió  licenciatura en Educación Artística en la Universidad de Pamplona, Norte de Santander. En su recorrido académico también cuenta con una especialización en Metodología para la Educación Artística, que estudió en el mismo claustro universitario.

Dueño de una hoja de vida llena de logros y notables experiencias, en 2004 Juan llegó a trabajar como profesor de la Fundación Nacional Batuta. Hoy día, es maestro del proceso de Iniciación musical de ensamble y coros, profesor en ensamble de metales, coordinador del Centro musical Batuta Villa del Rosario y director de la Orquesta Sinfónica Batuta Villa del Rosario.

“Es una Orquesta de la que me gusta ser parte, que lleva un buen proceso tanto en su nivel intermedio, como en el nivel de iniciación. Hemos liderado al grupo de 25 a 50 estudiantes, en gran parte de la sección de vientos y de percusión, cuya mayor exposición la logran al unirse magistralmente a la selección de jóvenes del esquema orquestal sinfónico de los procesos de formación de Cúcuta y Los Patios, con los que conforman la Orquesta Sinfónica Metropolitana Batuta Francisco de Paula Santander. Con esta orquesta de mayor nivel se hace un gran impacto en la región”, afirma.

Después de tantas experiencias, para Juan José, continuar en Batuta es sentirse como arraigado a algo, ser parte de una gran familia. “Estar en una Fundación como niño, sin saber ni imaginarme que años después estaría como maestro, siendo un guía y formador como lo fueron mis maestros conmigo y dando el mismo ejemplo que me dieron a mí, es algo que siento que estableció los pasos que he dado, no solo en el medio de la música y de la enseñanza, sino también de mi vida entera”, concluyó el Exbatuto.


***Si tú que has leído este artículo haces parte de la comunidad de #Exbatutos, te invitamos a diligenciar el formulario de esta sección en el link http://www.fundacionbatuta.org/formulario-comunidad.php para que nos cuentes tu historia de vida y podamos juntos reconstruir estos 25 años en los que hemos creído en el poder transformador de la música.

Una carrera musical atada a los acordes del bandoneón

Por Rafael Escobar Saumet
Periodista Fundación Nacional Batuta


Giovanni Parra Huertas es un bogotano cuyos pasos en el medio musical han sido marcados por varios motivos importantes que direccionaron su andar artístico. Dos de ellos: el bandoneón, su instrumento por excelencia y Batuta, el lugar que le mostró un panorama para que la música se convirtiera en el rumbo profesional de su vida.


“Batuta para mí fue una experiencia de vida musical, un lugar que me hizo conocer diferentes géneros, sobre todo fue la ventana a la música clásica, porque en Batuta escuché, por ejemplo, los referentes del chelo con sus conciertos –el instrumento que estudié mientras estuve en la Fundación– y logré conectarme con la música sinfónica. Batuta para mí fue una puerta hacia músicas que yo no había escuchado antes, las cuales iban a nutrir a futuro mi formación como músico”, comentó Giovanni en entrevista con la FNB para la sección de #Exbatutos.


Su maestra de chelo era Luz Mary Sánchez, alguien que según él, supo dirigirlo ante la oportunidad artística que la vida le daba en ese momento. “Considero que en realidad la institución son los maestros. Son quienes enseñan y educan y, en ella, encontré una muy  buena maestra. Lo que me dio Batuta fue eso, una maestra que me motivó a hacer música. Además, ver muchos jóvenes de mi edad y hasta menores que yo haciendo música fue algo que me marcó; siempre lo tengo grabado en mi mente”.


En Batuta, Giovanni estuvo alrededor de un año y medio, en esa época tomó clases en el Centro Orquestal La Victoria. “La pasaba muy bien, los conciertos que hacíamos en el Centro Comunitario eran muy interesantes y además de todo aprendía muchísimo; cuando me retiré lo hice por las distancias, porque vivía en Bosa y me quedaba muy difícil llegar hasta allá. Después me arrepentí de haberme salido pero por haberlo hecho y seguir otros rumbos, tuve otros aprendizajes de vida, igual de valiosos como lo fue Batuta para mí”. Recuerda Giovanni de lo vivido entre los años 1997 y 1998.


Entrevistador: ¿Cómo fue salir de Batuta y empezar a recorrer otros rumbos con ese impulso que le dio la Fundación para que siguiera en la música?


Giovanni:
Al salir de Batuta ingresé a la carrera de Música en la Universidad Pedagógica, directamente me incliné por practicar el acordeón, un instrumento que me gustó desde siempre por su sonido y exigencia; para su estudio me apoyaba en el profesor Lácides Romero, pionero del acordeón clásico aquí en Colombia; entré ahí por él. Estando en la universidad decidí incursionar en un instrumento primo hermano del acordeón: el bandoneón.


Cuando salí de la Pedagógica en 2005 viajé a Argentina a estudiar por cinco años. Al volver a Colombia, pensé que era hora de hacer escuela del instrumento. Ya tengo 10 alumnos comprometidos, tengo una orquesta de tango de 25 músicos y seis son bandoneones; además, tengo un quinteto de cinco años de trayectoria con el que nos ha ido muy bien: nuestro logro máximo hasta el momento lo tuvimos en 2015  cuando nos nominaron a los premios Grammy Latino en la categoría de Tango. Han sido muchas cosas las que han ocurrido luego de mi paso por Batuta.


E: ¿Cómo describe su afinidad hacia el bandoneón?


G:
El bandoneón me cautiva porque el tango me cautiva; cuando lo tomo en mis manos siento que me gusta mucho también el tenerlo en las piernas, su timbre y el rol que tiene el bandoneón en las canciones para las que está hecho; todo me gusta.


Es un instrumento que me ha permitido tener el quinteto y la orquesta,  pero también tocar con grupos de diversos géneros, hace poco grabé con los Aterciopelados, con Monsieur Periné y con la cantautora Martha Gómez;  el fin del instrumento se presta muy bien para diferentes tipos de música y no solo para el tango. Tocar este instrumento me ha abierto muchas puertas.


E: ¿Cuéntenos sobre el quinteto con el que logró la nominación al Grammy Latino?


G:
Fuimos nominados al Grammy con el Quinteto Leopoldo Federico; bandoneonista que falleció hace un par de años, a quien conocí en Argentina y logré tocar con él. Es uno de los referentes más importantes de esta música que tanto me apasiona. Lo conocí como músico y personalmente, y fue tanta mi admiración, que decidí ponerle el nombre al proyecto que arranqué aquí en Colombia.


E: ¿Cómo es su experiencia como profesor de bandoneón en Colombia y cómo está el nivel de los practicantes en este país?


G:
Desde que yo empecé a estudiar este instrumento, hasta hoy, sí hay una evolución. El bandoneón no es muy conocido por tantos estudiantes, pero desde que haya una práctica permitirá que más jóvenes se interesen por él. El instrumento no es fácil de conseguir acá en Colombia, eso limita un poco su estudio. Como docente soy muy agradecido y bendecido porque aprendo muchísimo enseñando, es algo muy valioso.


R: ¿Algún mensaje para aquellos niños y jóvenes de Batuta  que le puedan ver como una inspiración o modelo a seguir, debido a su trayectoria artística?


G:
Traten de estar motivados y que les guste lo que hacen, lleguen a ser músicos o no, disfrútenlo cada día; repito, estén muy motivados, con la sola motivación se garantiza todo, el resto llegará solito.


Anécdota de su paso por Batuta:


Algo muy chistoso que recuerdo era que me quedaba dormido en los buses porque Batuta estaba muy lejos de mi casa y me despertaba porque el bus tomaba giros bruscos en los que se inclinaba justo llegando a la sede. Por supuesto, eso hace parte de la formación como persona y la responsabilidad a esa edad -uno de adolescente- al tomar un bus e irse hasta la “quinta porra” como se dice, y sin estar obligado.


***Si usted que ha leído este artículo hace parte de la comunidad de #Exbatutos, le invitamos a diligenciar el formulario de esta sección en el link http://www.fundacionbatuta.org/formulario-comunidad.php para que no cuente su historia de vida y podamos juntos reconstruir esta revolución musical que Batuta está logrando ya con 25 años de existencia, en los que ha creído y seguirá creyendo en el poder transformador de la música.


Batuta, el espacio mágico que le permitió soñar para hoy disfrutar su realidad cultural

Por Rafael Escobar Saumet

Periodista Fundación Nacional Batuta


Con un tablero, una tiza, una guitarra y muchas ganas, Natalia Alejandra Vega Acevedo tomó su primera clase de música en la Fundación Nacional Batuta a los 14 años, en el Centro Orquestal La Giralda de Fontibón, en Bogotá. En ese lugar conoció un par de maestras que con dicha guitarra, sencillas instrucciones y un trato amable, lograron sembrar en su corazón la pasión por la música.

“Para mí ese era un espacio mágico que considero, siempre fue muy bien liderado por María Cristina Rivera y su hermana Martha Sofía, dos personas a las que les debo mucho. A 15 minutos de camino desde mi casa estaba ese lugar que me permitía soñar”.

Natalia confiesa que había querido estudiar música desde antes de ingresar a Batuta, pero siempre había el problema logístico de quién la llevaba a las clases y la regresaba de vuelta a casa. “Cuando cumplí 14 años, me entero por mi vecino Ricardo Márquez que en la localidad existía un proceso nuevo de enseñanza musical llamado Batuta, dirigido en esa época por Gustavo Parra. Como estaba más grandecita pensé que ya podía entrar a estudiar música porque me podía ir y venir caminando, pues me quedaba cerca a casa”, comentó.

Su vecino, el señor Márquez, le había dictado clases a Natalia a sus 3 años y, cuando él se enteró que la Fundación llegaría a Fontibón, no dudó en impulsarla a ella y a sus papás, porque conocía su afinidad hacia la música y tenía buenos comentarios de lo que implementaría Batuta en la localidad.

Natalia recuerda que en sus primeras clases, la maestra Martha Sofía les dejó de tarea llevar una flauta, “la que fuera”; se consiguió una y empezó a ser parte de los montajes musicales de dicho instrumento, porque para entonces, como ella asegura, “era lo que había”.

“Estar en el proceso musical me sirvió mucho, me enseñó a valorar lo que uno hace, el esfuerzo de Batuta y los maestros, hasta ser agradecida por vivir en Fontibón, pues gracias a mi localidad se me abrieron los caminos para llegar a ser parte de la Fundación: desde estar en los procesos de formación musical hasta años más tarde convertirme en coordinadora de los mismos”, afirma Natalia.

Durante su estancia en Batuta estuvo en preorquesta y en la orquesta sinfónica de cuerdas pulsadas, en esta última, su instrumento musical fue la viola. “En tres ocasiones estuve en la Orquesta Bogotá, la cual era conformada por estudiantes de los diferentes Centros orquestales de la ciudad. Quienes teníamos mayor nivel viajábamos, hacíamos conciertos y valiosos intercambios con otras orquestas del país”.

Natalia también fue parte de Allegro, preorquesta representativa de Batuta con la que se presentó en los mejores escenarios de la ciudad. “Con Allegro aprendimos mucho y tocamos ante varias personalidades entre los que recuerdo a Joan Manuel Serrat y los expresidentes César Gaviria y Ernesto Samper; también viajé con la orquesta a Neiva, Bucaramanga y Medellín”.

De las cosas que más le atraía de estar en Batuta era la forma tan ágil con la que aprendía y hacía música con inmediatez; “algo muy práctico y divertido”.

Natalia estuvo vinculada a Batuta hasta la universidad. “En el único momento en el que no pude seguir fue cuando estaba terminando la universidad, con mi proyecto de grado, porque entre planos, libros, maquetas y trasnochadas, no me daba mucho tiempo para concentrarme en todo. Pero para mí, no ir a un ensayo era motivo de vergüenza, pues sabía que la música era un motor que me ayudaba hasta con mi rendimiento académico”, asegura.

“En Batuta todo se transforma, se empieza una rutina en términos de disciplina, puntualidad y compromiso. Cuando tienes un trabajo musical de excelencia, cuando ganas nuevos compañeros, cuando tienes que rendir para que te escojan para las presentaciones. Empiezas a demostrar tus capacidades y te envuelves en un ejercicio de saber relacionarte desde el talento”.

Un tiempo después, de la Dirección General de Batuta la llamaron para que trabajara como coordinadora musical de seis procesos en Cartagena: en los barrios El Pozón (14 de Febrero y Camilo Torres), María Auxiliadora, San José de los Campanos, Nelson Mandela y Las Palmeras. “Una de las mejores experiencias de mi vida, la labor que se hizo con todos esos chicos y chicas no tiene comparación. Fue un trabajo que dio frutos, que cambió vidas”.

“Definitivamente si no hubiese entrado a Batuta, con toda la bella experiencia que logré adquirir, no estaría hoy día en el lugar en el que estoy. Nunca me hubiera decidido además, a estudiar Gestión Cultural y tampoco me hubiera dado cuenta que mi pasión en la vida es la cultura”, afirma.

Por eso hoy le entusiasma al máximo todo lo que hace para apoyar a tantas iniciativas culturales desde su cargo como Asesora departamental de la Dirección de Fomento Regional del Ministerio de Cultura, en Bogotá y a lo largo de la geografía nacional.

“Para mí es una gran satisfacción guiar a tantas personas en la gestión de proyectos,  que sepan que sí pueden conseguir recursos y que pueden realmente trabajar por sus organizaciones culturales. Todo esto lo fusiono con mi carrera de arquitecta y con lo que le da más vida a mi área, como la pintura, la escultura, las artes plásticas... Sumado a ello, siempre tengo presentes los grandes recuerdos y valiosas enseñanzas que adquirí en Batuta, de esa forma me convenzo cada día más de que esto es lo que me apasiona, para lo que nací”, concluyó.

“Mi vida ha estado enmarcada en la música, la enseñanza y el trabajo en equipo”

Por Rafael Escobar Saumet

Periodista Fundación Nacional Batuta

Para María del Rosario Osorio, la Fundación Nacional Batuta ha sido su vida en los últimos 25 años. “He pasado por todos los niveles de Batuta: de ser estudiante, luego a ser monitora, profesora, coordinadora de Centro musical, hasta llegar ahora a ser Coordinadora musical de la Regional Bogotá – Antioquia; así que Batuta en realidad ha enmarcado la historia de mi vida”.

“Sayo”, como le dicen sus familiares y amigos, asegura que el aporte más importante que Batuta le dio a su vida a nivel musical y personal lo puede sintetizar en una palabra: responsabilidad. “Todo lo que he aprendido en Batuta me ha dado la noción de responsabilidad, siempre ha sido una constante en mi;  desde la disciplina que adquirí cuando pequeñita siendo estudiante, hasta el gran respeto que empecé a tener a medida que avanzaba, por el trabajo incomparable que hace Batuta”, asegura.

Su recorrido en la Fundación inició muy joven, desde su época de aprendiz en el Conservatorio de Bellas Artes de la Universidad de Caldas. “En aquellos días Batuta hizo una alianza con el Conservatorio para que los alumnos del Conservatorio pasáramos a ser parte de las orquestas de la Fundación, porque inicialmente eran orquestas, no eran ensambles como ahora; yo fui parte de la orquesta B, la de nivel intermedio”, recuerda.

Llevaba un año y medio tocando el violín cuando se crearon dos orquestas simultáneas en la Fundación Batuta Caldas, allí inició como tercer violín. “Luego de ese tiempo escuché con agrado una viola, pues en Manizales no había casi violistas y gracias a esa alianza entre las instituciones, llevaron al maestro Fabio Fuentes. Al escucharlo tocar quedé enamorada del instrumento”.

Como no había suficientes violas para poder practicar el instrumento, lo que hizo -guiada por el maestro- fue cambiar las cuerdas de su violín, por las cuerdas de viola. “Gracias a eso me metí de lleno a estudiarla y asistí al Primer Encuentro Orquestal en Bogotá. Allí pude compartir con los chicos de Batuta de todo el país y fue la primera experiencia que me impactó a nivel artístico, con la que se consolidó mi gusto por la música sinfónica”.

“La experiencia siempre fue increíble, porque más que una competencia era mostrar nuestro trabajo y estudiar mucho para compartir con los demás nuestros avances, lo que lográbamos cada uno desde nuestra disciplina y lo que compartíamos como compañeros y amigos”, afirma María del Rosario.

Después de su participación como estudiante en la Fundación Batuta Caldas pasó a hacer las monitorias, siendo orientadora de clases de violín y viola de las niñas y niños nuevos. Una época que recuerda con gran afecto gracias a la guía de los maestros Carlos Rocha, Nelson Monroy, Octavio Carmona y Adriana Quintero. “Ensayábamos cuatro veces a la semana, era una carga alta, gracias a eso pudimos subir el nivel y destacarnos ante las orquestas de Batuta a nivel nacional”.

P: ¿Cómo marcó Batuta su vida?

MR: Yo iba a estudiar agronomía. Un día mi papá me dijo: “mira hija, la vida es dura, piensa dónde crees que vas a ser feliz”. Esa frase siempre la recuerdo y luego de pensar en mi trayectoria en Batuta, decidí estudiar música.

Hice mi periodo universitario estando al tiempo en Batuta, nuestra práctica orquestal era con la Fundación, y organizaba mis horarios de clase para que no interfiriera con los ensayos de la orquesta. Estuve hasta los 20 años, hasta que me gradué como Licenciada en Música con énfasis en Viola de la Universidad de Caldas.

P: ¿Qué siguió para usted después de terminar la Universidad?

MR: Cuando mis maestros me dijeron que ya había cumplido un ciclo, que tenía que buscar más opciones, decidí venirme a Bogotá, ciudad en la que resido actualmente. Acá estudié con Juan Sebastián Castillo, quien era el principal de viola de la Sinfónica Nacional de Colombia. Viajaba cada quince días entre Bogotá y Manizales para perfeccionar mis conocimientos, porque no me desprendía totalmente de la actividad musical de Manizales.

P: ¿Cómo llega nuevamente a Batuta?

MR: En 2007 me llamaron a una entrevista, para ver si podía estar en Formación de formadores, un hermoso proyecto entre la Universidad Nacional y la Fundación Batuta. Pasé la prueba, trabajé un año en ese proyecto, y también en el proceso de formación del Centro musical de la localidad de Puente Aranda, una experiencia que debo confesar, ha sido de las mejores de mi vida.

Comencé como profesora en 2007 y doce meses después tuve la oportunidad de ser la coordinadora del Centro musical, una labor maravillosa en la que estuve por ocho años. La pasión por lo que hacíamos se notaba, logramos crear y dirigir tres orquestas, dos sinfónicas -cada una de 70 u 80 integrantes- y una orquesta de cuerdas de 57 chicos, el crecimiento fue gigante: de 140 niños y niñas, pasamos a tener 480 en dos sedes y logramos posicionar el proceso sinfónico.

P: ¿Cuál es el aprendizaje que le deja dedicarle su vida a la música?

MR: Trabajar siempre con una sonrisa. Todo el tiempo he pensado que hay que trabajar con buen ánimo porque no solo es tu vida la que inviertes en ello, es impactar la vida de muchas personas con tu trabajo y, si es con música, mucho más. Para mí no hay domingos de descanso en mi cuarto si sé que puedo salir a trabajar y disfrutar con los niños y niñas que como yo, sueñan con una vida llena de música.

“Batuta puso en mis manos un instrumento que le dio sentido a mi existencia”

Por Rafael Escobar Saumet
Periodista Fundación Nacional Batuta


La pamplonesa que empezó su vida musical a los 6 años de edad y que hoy se mueve en el mundo sinfónico alemán, hace parte de esta comunidad de #Exbatutos que con esfuerzo, talento y mucha dedicación hacen patria en el medio artístico internacional.

María Carolina Hernández Parada vive en Frankfurt am Main, Alemania y se la pasa entre pianos, cuartetos de cuerdas, guitarras y su flauta traversa, el instrumento que según ella, le marcó un rumbo en la vida y que tuvo por primera vez en sus manos gracias a la Fundación Nacional Batuta.

Y fue precisamente en Batuta donde Carolina pasó su niñez explorando un mundo nuevo. “Fue el espacio ideal para hacer música jugando, donde tuve los mejores amigos y profesores, el lugar del que tengo los más grandes recuerdos de mi infancia y adolescencia”, comentó.

Mientras estuvo en las aulas de Batuta, María Carolina adquirió la disciplina de estudiar un instrumento, de saber lo que era según ella, sentarse muchas horas a preparar una pieza musical para no solamente tenerla lista y aprendida, sino también lograrla con excelencia, afinación y soltura. “Las cosas que queremos no se logran fácilmente, se necesita trabajarlas con mucha dedicación y eso lo aprendí desde muy niña con Batuta”.

Su primer maestro de flauta fue Hugo Espinoza, profesor de la Universidad de Antioquia que Batuta llevaba como tallerísta hasta Norte de Santander. “Era lo máximo tener clases con él, siempre me motivó a dar lo mejor de mí en el instrumento, fue un maestro que me brindó muchos espacios y oportunidades para ser cada día mejor. Con él sentí que la música podía ser un camino para mí: verlo cómo daba las clases y el compromiso que tenía con sus estudiantes me hizo pensar que yo quería ser como él, que quería ser flautista y, que además, quería ser la versión femenina de mi profesor”, recuerda.

Carolina, siendo niña Batuta, participó en varios encuentros musicales en Cúcuta, sobre todo cuando a esa ciudad llegaba la Sinfónica Nacional de Colombia y podía, junto a sus compañeritos de Batuta Pamplona, asistir a las clases de Sinfonorte, una actividad académico-musical en la que participó durante tres años seguidos.

“Pasé mucho tiempo aprendiendo más sobre el instrumento y luego, cuando tenía 15 años fui a un Encuentro Nacional Orquestal en la costa Caribe colombiana, en el que pude demostrar ante un público más grande mis habilidades en la flauta traversa”, recordó con emoción.

Sus padres, Rosalba y Julio, siempre apoyaron todo ese proceso musical, tanto el de Carolina como el de su hermana Mónica, quien también pasó por las aulas de Batuta y hoy día adelanta estudios de violín en Alemania. “Estoy muy agradecida con Batuta por la ventana de expresión tan grande que significó para mis hijas. El apoyo de la familia es muy importante para que los niños y niñas no desistan en su crecimiento musical y continúen firmes a pesar de cualquier adversidad. Yo estaba tan firme con su proceso en Batuta que tuve la oportunidad de ser la  presidenta de la Asociación de Padres de Familia de los Niños de Batuta Pamplona y con nuestra gestión, se lograron clases con tallerístas especializados que elevaron el nivel musical de nuestros hijos”, aseguró Rosalba Parada, madre de Carolina.

Cuando cumplió 16 años decidió tocar las puertas del Conservatorio de la Universidad Nacional. Al ser aceptada y entrar, identificó la ventaja de haber pasado por Batuta tanto a nivel musical como social. “Siempre me encontraba con personas que habían estudiado en la Fundación y lo que habíamos aprendido allí nos daba un paso adelante ante los demás; en el medio musical que conocí en Colombia había una percepción agradable hacia Batuta”.

Desarrolló entonces su carrera de Música Instrumental en el Conservatorio de la Universidad Nacional de Colombia, de la que se graduó en abril de 2012. Mientras adelantaba sus estudios, trabajaba con la Orquesta Sinfónica Nacional de Colombia tocando la flauta y el piccolo; también estuvo en varios proyectos de zarzuela que tenía la Orquesta Cafam de esa época y, además, se le abrieron puertas interesantes en el medio musical de Bogotá debido a constantes invitaciones que recibía para tocar en varios proyectos en los que participaba la Universidad Nacional, demostrando así su compromiso y excelente nivel con la flauta.

Vivir en Alemania

En junio de 2012, dos meses después de graduarse como músico en Colombia, decidió abrir sus alas y volar hasta Frankfurt am Main, y ver qué podía pasar si se medía a exámenes y audiciones que le permitieran ingresar al medio musical de Alemania.

“Fue un poco arriesgado, porque para mí no había otro objetivo diferente a este país; su música y su calidad académica me atraían muchísimo, por eso me preparé y aprendí el idioma estando en Colombia durante dos años antes de venirme para acá. Mi gran meta era estar en Frankfurt porque acá enseña Sebastian Wittiber, solista de la Orquesta de la Radio de Frankfurt, un modelo a seguir para mí y, como premio a mis ganas, tuve la fortuna de entrar a su cátedra”, comentó la flautista.

Ya en octubre de 2015, Carolina tomó grado de su primera Maestría Instrumental en Flauta Traversa y en febrero de 2017 se graduará de una segunda, esta vez en Trabajo de Orquesta, ambas de la Universidad Hochschule für Musik und Darstellende Kunst Frankfurt am Main.

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“Batuta fue el impulso artístico de mi vida”

Por Rafael Escobar Saumet
Periodista Fundación Nacional Batuta


En 1993, Luis José Bautista Rodríguez ingresó a la Corporación Batuta Cúcuta, lugar en el que aprendió a tocar el bombo, la percusión, los platillos, el piano y la flauta traversa, el instrumento que marcaría su carrera musical.


De su paso por Batuta recuerda que era el lugar al que iba a hacer música, era un espacio de puertas abiertas para todos. “Siempre fue y creo que todavía sigue siendo un punto de encuentro para niños y niñas de todas las clases sociales y edades; allí llegaban chicos muy pobres y otros de estratos acomodados, y lo bueno era ver que nadie se fijaba en eso, vivíamos momentos muy agradables entorno a la música, la cual borraba esas diferencias”, comentó el flautista.


En plena adolescencia y con ganas de encontrar una actividad que trazara el destino de su vida a nivel profesional, Luis permaneció tres años en las aulas de Batuta, tiempo en el que también tomó varias clases de dirección de orquesta con la maestra Margarita Vélez, quien lideraba en Cúcuta el ‘Plan Batuta’ de la época. “Con ella tuve clases intensivas de piano y, estando en la Orquesta representativa de la Corporación, también pude dirigir, pues siempre le manifesté mi gusto por esa faceta. Ella me dio la oportunidad al nombrarme como subdirector teniendo solo 16 años”, recordó Luis con mucha satisfacción.


Debido a su gran interés por el aprendizaje musical en Batuta, a Luis se le dio otra oportunidad de dirigir, esta vez el Programa Orff, instruyendo a niños entre los 6 y 12 años. “En ese entonces Batuta quedaba en el Instituto de Cultura y Bellas Artes de Cúcuta, allí había un instrumental orff hermosísimo: marimbas de todos los tamaños, xilófonos, metalófonos, instrumentos de percusión pequeña y flautas dulces. Se creó una orquesta que llamamos la Orquesta Orff, fue una grata experiencia de un año en la que le enseñamos a los niños a leer partitura y a tocar los instrumentos a varias voces”.


Entre otros logros conseguidos mientras estuvo en Batuta, Luis participó en el Primer Encuentro Nacional de Orquestas en Bogotá, realizado en diciembre de 1993, en el cual fue primera flauta. Estuvo al frente del Capítulo Batuta Cúcuta por un tiempo y lideró conciertos en los colegios de su ciudad, para dar a conocer el ‘Plan Batuta’ y promover la Orquesta representativa para que más niños la integraran.


En 1995 participó en el Encuentro Binacional de Orquestas Colombo Venezolanas y tuvo la oportunidad de conocer al maestro José Antonio Abreu, creador del Sistema Nacional de Orquestas Infantiles y Juveniles de Venezuela, modelo que inspiró a Batuta en Colombia.  Bajo su dirección, interpretó los himnos nacionales de ambos países. “Fue una inolvidable y muy enriquecedora experiencia, no solo por haber compartido con el maestro Abreu, sino también por haber interactuado con la Orquesta representativa de San Cristóbal, Venezuela”, aseguró.


Después de estar esos tres años en Batuta concluyó que se dedicaría a la música y se mudó a Bogotá para cumplir esa meta de vida. “Hice todo para ingresar al Conservatorio de la Universidad Nacional pero me di cuenta que no tenía el nivel para entrar en ese momento. Pensé que era bueno prepararme un poco más y fue así como ingresé a la Fundación Orquesta Sinfónica Juvenil de Colombia; allí estudié con la maestra María Nuri Polanía, quien me preparó para entrar al Conservatorio”.


Luego de un año de intensa preparación, presentó su examen y fue aceptado. Allí estuvo nueve años, hasta el 2006. “Estudié mi pregrado de Música en interpretación de la Flauta con énfasis en Música de Cámara. En 2007 recibí mi diploma y ese mismo año me gané una beca por concurso internacional ante 1.500 postulados, en la Lynn University de Boca Ratón, Florida, Estados Unidos. Siento que en ese lugar, la música terminó de posicionarse en mí, al aprender con los mejores maestros de la Orquesta Filarmónica de Nueva York, entre las que recuerdo con mucho afecto a la gran flautista Rene Seebert”, agregó el artista norte santandereano.


De Estados Unidos se fue a vivir a Holanda, lugar en el que además estableció una familia. “Aunque no fue un buen momento para llegar a Holanda, decidí estudiar, porque no me dejaban dictar clases de música por no tener un diploma de licenciado homologado. Entonces me presenté en el Hogeschool Leiden, convalidé muchas materias y pude hacer nuevamente mi pregrado de música avalado esta vez por las normas holandesas de la educación;  lo hice en dos años”.


Hoy día, a sus 37 años, Luis se desempeña como maestro de música en cinco escuelas diferentes en las que dicta clases a 250 niños en cada una. “Soy profesor desde el grupo uno al ocho, todos los días de lunes a viernes y en total estoy educando 1.250 niños por semana, chicos y chicas desde los 6 hasta los 12 años, con una educación musical avanzada”.

E: ¿Recuerda algún tipo de instrucción que usted haya recibido como niño Batuta que esté implementando actualmente como maestro en Holanda?
L: Sí claro, nosotros en el Plan Batuta aprendimos a leer música tocándola, no había clases preliminares de partitura, íbamos directo al instrumento y con las repeticiones lo lográbamos, aprendíamos a leer música, algo que me ha servido muchísimo para dictar mis clases acá en los Países Bajos.


E: ¿Cuál fue el aporte más importante que Batuta le dio a su vida a nivel musical?
L: Haber hecho música a tan corta edad con un alto nivel y ver la música desde otra perspectiva, con técnica. Yo no tocaba flauta traversa y siempre había querido hacerlo. Batuta llevó los instrumentos hasta mi ciudad y con ellos, unos excelentes tallerístas que me guiaron en el aprendizaje de la técnica del instrumento. Mi primer profesor de flauta fue el maestro Luis Fernando Pérez, de la Filarmónica de Bogotá, con él aprendí bases sólidas que me sirvieron mucho para lo que venía en mi vida artística.


E: ¿Qué mensaje le daría a los niños y jóvenes que actualmente hacen parte de la Fundación Nacional Batuta?
L: La música es el medio con el que los seres humanos nos volvemos más sensibles, reaprendemos a sentir, nos conecta con nuestras emociones y nos ayuda a ser más sociales. Hay que disfrutarla y no solo hacerla; la música debe estar presente en la vida de todos los niños porque les mejora la disciplina y la autoestima. Todos, niños y adultos que tengan contacto con la música debemos tomar sus cosas buenas y aplicarlas también en otras partes del ser.


E: ¿Qué significa Batuta para usted?
L: Batuta fue el impulso artístico de mi vida. Cuando tenía 15 años, Batuta me dio la oportunidad de oro al interpretar música de los grandes compositores y de hacerlo con amigos. Fue muy importante tener ese contacto al poder sentir la música de una forma más cercana. Batuta fue un viaje muy hermoso hacia la música clásica. Un viaje de emociones, de experiencias artísticas nuevas.

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“Desde hace 25 años, Batuta orienta mis pasos”

Por Rafael Escobar Saumet

Periodista Fundación Nacional Batuta

Convencido de que la música le tiene sorpresas y aprendizajes agradables a todo aquel que se dedique a ella, Juan José Toscano Rincón, cucuteño de 37 años, es uno de esos personajes en los que se evidencia que “las casualidades no existen”.

Su primer contacto con la música fue gracias a una visita en la que acompañó a un amigo a inscribirse en el Centro musical Batuta de la Corporación Batuta Cúcuta, a mediados de 1991. Lo que era el plan del día para su amigo, terminó siendo el plan de toda la vida para Juan José.

“Mientras lo acompañaba ese día en su proceso, yo veía con detenimiento todo lo que ocurría en aquel lugar con tantos chicos tocando instrumentos. Me gustó el cuento, me llamó la atención, me impresionó y pensé que sería bueno llegar a ser parte de eso que sentía que me gustaba. Ese día también me inscribí y allí empezó mi proceso de formación musical, a mis 13 años de edad”, recuerda Juan.

Siempre quiso tocar bien la trompeta, porque en la banda del colegio era el instrumento que más “cacharreaba”. Cuando entró a Batuta logró un puesto en el trombón pero terminó por no gustarle, por lo que insistió con la trompeta hasta que le dieron la oportunidad de interpretar ese instrumento que junto a la flauta dulce, serían los compañeros inseparables de su carrera musical.

Uno de los momentos que marcó el recorrido artístico de Juan José fue su participación en el concierto de lanzamiento de la Fundación Nacional de Orquestas Sinfónicas Juveniles e Infantiles Batuta de Colombia, el domingo 22 de septiembre de 1991 en la Plaza de Bolívar de Bogotá.

“Fue muy chévere compartir en aquellos talleres previos al concierto con otros instrumentistas de diversas orquestas, conocer otros músicos, compartir la estadía de varios días y la exigencia del concierto mismo. Para mí todo fue un reto, porque antes no se había hecho algo así, además que yo era de los más jóvenes allí”.

“Recuerdo que en pleno concierto, la mayoría de los músicos nos perdimos en una de las obras, un momento bastante engorroso que el director supo sortear. Los jóvenes que integrábamos la Orquesta evidenciamos con nuestras miradas que estábamos perdidos. Pero este fue un momento muy satisfactorio, porque de allí se abrieron las puertas a lo que sería Batuta en tantos rincones del país, en los que la música deja huellas imborrables desde hace 25 años”, agregó el músico norte santandereano.

Luego de esta primera experiencia de conformar una Orquesta con diversos jóvenes de todo el país, continuó su recorrido en la Orquesta Sinfónica Batuta Capítulo Cúcuta, con la que participó en el Primer Encuentro Binacional de Orquestas que se realizó entre Cúcuta, Colombia y San Cristóbal, Venezuela, en 1994. “Luego estuve en Bucaramanga en el Tercer Encuentro Nacional de Orquestas Sinfónicas Batuta, me presenté con la Orquesta en el Auditorio Luis A. Calvo de la Universidad Industrial de Santander y en la Plaza Central de la ciudad. Además, participé en diferentes espacios culturales auspiciados por los entes privados y públicos de la región”, anotó.

Juan José fue estudiante Batuta durante siete años. Al salir de las aulas de la Fundación, decidió perfeccionar sus estudios musicales durante tres años en San Cristóbal - Táchira, Venezuela, en la Escuela de Música Miguel Ángel Espinel y en uno de los Centros Musicales del Sistema Nacional de Orquestas y Coros Juveniles e Infantiles de Venezuela.

Luego de ese periodo, trabajó en el Conservatorio Sinfonorte de Cúcuta y a la par estudió  licenciatura en Educación Artística en la Universidad de Pamplona, Norte de Santander. En su recorrido académico también cuenta con una especialización en Metodología para la Educación Artística, que estudió en el mismo claustro universitario.

Dueño de una hoja de vida llena de logros y notables experiencias, en 2004 Juan llegó a trabajar como profesor de la Fundación Nacional Batuta. Hoy día, es maestro del proceso de Iniciación musical de ensamble y coros, profesor en ensamble de metales, coordinador del Centro musical Batuta Villa del Rosario y director de la Orquesta Sinfónica Batuta Villa del Rosario.

“Es una Orquesta de la que me gusta ser parte, que lleva un buen proceso tanto en su nivel intermedio, como en el nivel de iniciación. Hemos liderado al grupo de 25 a 50 estudiantes, en gran parte de la sección de vientos y de percusión, cuya mayor exposición la logran al unirse magistralmente a la selección de jóvenes del esquema orquestal sinfónico de los procesos de formación de Cúcuta y Los Patios, con los que conforman la Orquesta Sinfónica Metropolitana Batuta Francisco de Paula Santander. Con esta orquesta de mayor nivel se hace un gran impacto en la región”, afirma.

Después de tantas experiencias, para Juan José, continuar en Batuta es sentirse como arraigado a algo, ser parte de una gran familia. “Estar en una Fundación como niño, sin saber ni imaginarme que años después estaría como maestro, siendo un guía y formador como lo fueron mis maestros conmigo y dando el mismo ejemplo que me dieron a mí, es algo que siento que estableció los pasos que he dado, no solo en el medio de la música y de la enseñanza, sino también de mi vida entera”, concluyó el Exbatuto.


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